Conocerás al hombre de tus sueños

Sobre Conocerás al hombre de tus sueños prefiero no extenderme mucho. Cuando a mi hermano Woody se le va la inspiración prefiero fingir que no me he enterado. A los que suelen meterse con él aprovechando estos deslices les mentiré a la cara y les diré que aún no la he visto. Hasta que se aburran de preguntarme.
            El problema es que mi hermano trabaja demasiado, y con esta manía de hacer una película por año a veces no acierta con el tono. Aquí, en  Conocerás al hombre de tus sueños, quiere contarnos los desconsolados amores de esta panda de burgueses londinenses que, en pura verdad, nos importan una mierda. Ellos, y sus amores.  Jóvenes que dejan de follar con una modelo y se refugian en los brazos de una todavía más hermosa; maduritos que dejan a sus mujeres de tetas fláccidas y luego se quejan de que el putón verbenero con el que ahora salen no les entiende; cuarentonas aburridas que dejan a sus maridos porque no les compran una mansión victoriana y se enrollan con un galerista de arte que les promete el oro y el moro entre fiestas de alto copete y polvos de a mil libras la noche de hotel. Me da asco, esta gente. Esta gentuza. No los soporto. No sé qué ha visto mi hermano Woody en ellos, qué le fascina de sus vidas parasitarias y poco ejemplares. Si al menos los ridiculizara, o los denunciara como la lacra social que son. Pero no es esa su intención. Ahora está con el rollo de lo sofisticado, de lo europeo, de lo chic. Le enviaba yo a este pueblo perdido del noroeste, a que aprendiera lo sofisticados y lo chic que pueden llegar a ser estos lugareños, tan europeos como los ricachones de la City londinense. 


            Será que yo, en el fondo, siempre he tenido alma de bolchevique, y que es ver a esta gente pedir sus cócteles o montarse en sus bugas y revolvérseme la sangre rojísima en las venas. Para una vez que mi hermano Woody los puso a caldo y extrajo de ellos el fondo de maldad que en verdad anida en sus almas, le salió una obra maestra como Match Point. Mira que le dije veces que ése era el camino, la senda que le volvería a conducir al antiguo estrellato, pero él ni caso, a su puta bola, como siempre. El bueno y a veces desnortado Woody.



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