Community. Abed, el álter ego

Hoy, en la primera discusión de la segunda temporada de Community, Jeff le echa en cara a Abed su autismo cinéfilo, su apartamiento voluntario del mundo real. Abed le responde:
       “Sí distingo la vida de la tele. La tele tiene sentido, estructura, lógica, reglas... y protas que caen bien. En la vida tenemos esto: gente como tú”
       Viene a ser, en esencia, lo mismo que decía Truffaut en La noche americana: “ Las películas son más armoniosas que la vida, no hay ni embotellamientos ni tiempos muertos. Las películas avanzan como trenes en la noche.” La vida es imprevisible, caótica, nos viene dada en fragmentos rotos. Algunos duran segundos y nos proporcionan una felicidad extrema; otros, en cambio, sin ser esencialmente dolorosos, se alargan durante semanas, o meses, en un vacío de novedades que no es vida, sino espera aburrida de la vida. En el cine, en cambio, los acontecimientos se suceden de un modo armonioso, y un demiurgo oculto se encarga de ahorrarnos los tiempos muertos fastidiosos. 


       Las personas reales son quienes gobiernan la vida real, y son impredecibles, y básicamente malas. En el cine, en cambio,  la gente buena abunda tanto como la gente mala, en un equilibrio imposible que sólo es factible en la imaginación de los mundos soñados. Abed es autista, pero no es idiota. Sabe que la realidad le supera. La entiende con el intelecto, pero no puede abordarla con la voluntad, y busca en el cine la narración simplificada y coherente que la vida le niega, el refugio mágico donde su espíritu infantil se toma un recreo. Abed es un poco, o un mucho, como yo…


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