Primera Sesión y Sábado Cine

A falta de consignar nuevos estrenos en este diario, tonteo con la nostalgia y busco en Youtube las cabeceras de Primera Sesión y Sábado Cine, espacios de Televisión Española que marcaron la educación cinematográfica de mi generación. Jugar con los recuerdos es una práctica de riesgo. Si eres capaz de dominarla al recobrar las viejas sintonías y las viejas imágenes, un escalofrío de melancolía  te recorre la espina dorsal y salvas la experiencia con una sonrisilla estúpida y alguna emoción rescatada. Pero si, como ha sucedido en este caso, la nostalgia se apodera de tus lacrimales y de tu plexo solar, una punzada de dolor hondísimo te atraviesa como una estocada, y quedas jodido para todo el día, pesaroso y llorón, recordando aquellas sesiones de cine, casi siempre en pijama, en las que eras, sin saberlo, inmensamente feliz.


            En Primera Sesión daban películas bélicas, de aventuras, de vaqueros, de risas, de ciencia-ficción, y te lo pasabas pipa y eras feliz en aquel mundo que para los pobres siempre era en blanco y negro, lo mismo en la tele sin colores que en las calles de la barriada. Luego, por la noche, en Sábado Cine, daban las películas que te abrían una ventana al mundo de los adultos, con los dramones, con las tragedias,  con el solitario rombo de aviso que aún se podía negociar o con la temible pareja que te enviaba a la cama sin rechistar, para no contemplar a mujeres con los pechos al aire, para no escuchar a fulanos que soltaban palabrotas tan gruesas como columnas,  para no ver los tiros a quemarropa que ya no eran como los que disparaban los pistoleros en la sesión de tarde, siempre sin sangre, sino tiros que se parecían mucho a los de la vida real, aunque jamás hubiésemos visto ninguno, niños ya de ninguna guerra. 

            
Hoy he visto por primera vez estas cortinillas tal como eran, en color: en tonos sepia los de Primera Sesión, rojísimos los cuatro corazones que  tapaban las cuatro sonrisas espectaculares de Marilyn Monroe sobre fondo rosa; multicolores, en cambio, eran las bombillas al estilo Broadway que formaban los proyectores alineados en la cabecera de Sábado Cine. Son interrogantes que le quedaban a uno desde la infancia, tontorrones, quizá, pero de un gran valor sentimental.




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