Todo por la pasta. La caja 507

Anuncian en los canales de pago el estreno de No habrá paz para los malvados, multipremiada película que no sé por qué, con apenas cuatro planos entrevistos en las promociones, estoy seguro que ha de gustarme mucho. Es un presentimiento de buena calidad, de los que rara vez fallan. Lo sé porque uno, con el tiempo, ha ido desarrollando este sexto sentido que no sirve para ver muertos, ni para conducirse por la vida con provecho, pero sí para calibrar, en dos vistazos, si la película publicitada encajará en el gusto particular o habrá que tacharla de las agendas. Es un superpoder que no tiene ningún mérito. Un superpoder, además, que sólo vale para este asunto trivial de las películas. Un refinamiento del hocico, nada más. No me lo confirió una explosión radioactiva, ni un origen extraterrestre silenciado por mis padres. Se ha ido forjando poco a poco, golpe a golpe, en la fragua nocturna de las mil películas y las mil series. Lo he sudado de lo lindo, con la espalda, y con el culo, siempre pegados al sofá.
       Siguiendo la pista de Enrique Urbizu encuentro, extraviadas en la maraña de los discos duros,  otras dos películas suyas que guardaban cama en los pasillos de mi manicomio. Me subo a la bicicleta estática y comienzo a ver Todo por la pasta,  entusiasmado, al princicipio, con un repartazo de lujo que va poblando los sórdios barrios del Bilbao preguguenheimiano. Pero a los quince minutos ya estoy arrepentido de no haber optado por los episodios mejorados de Community. Todo por la pasta fue una extravagancia en el panorama nacional del  año 91, cuando todo eran comedias de enredos sexuales y películas sobre los perdedores de la Guerra Civil. Una de policías y drogatas osada, atrevida, distinta. Pero veinte años después se ha convertido en un thriller sin chicha. Cutrísimo de medios, casposo de arquetipos, inverosímil en las reacciones de los personajes. 



       Otra cosa bien distinta es, desde luego, La caja 507, que veo a altas horas de la noche llevado por el despecho, sin ganas ya de escribir nada cuando termina. Aquí se nota que hay un oficio consolidado, y que las corruptelas urbanísticas tienen más garra que las trapisondas de los drogatas. Y, sobre todo, que hay un par de actorazos, el Resines y el Coronado, que bordan sus papeles como pocas veces ocurre en el cine español.  La caja 507 no tiene nada que ver, afortunadamente, con Todo por la pasta, aunque aquí, también, todo se haga por ella.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com