El declive del imperio americano

El declive del imperio americano es una película canadiense que nos devuelve a los mismos protagonistas de Las invasiones bárbaras, pero diecisiete años más jóvenes, liberales y cultos, putañeros y verborreicos. Nuestros viejos amigos se pasan la película entera hablando de historia, de arte, de política… y de sexo. Sobre todo de sexo: sobre el que practican -que es mucho-, sobre el que recuerdan haber practicado -que da para una enciclopedia completa, según ellos- y sobre el que previsiblemente practicarán antes del declive de sus cuerpos, paralelo, al parecer, al declive del imperio americano, aunque esa relación no quede muy clara en la película.  


            Hay gente que se aburre mucho con estas películas que son como teatro filmado, donde los personajes parlotean sobre lo humano y lo divino A mí, en cambio, me fascina ver hablar a la gente cuando tiene algo interesante que contar. Y sobre todo si lo hacen en francés, como sucede aquí, idioma en el que todo suena a trascendente e ilustrado. Y más aún si lo hacen sobre sexo, que es justamente en francés donde mejor se disecciona y se pondera. Y se gime, y se requiebra, y se agradece. El declive del imperio americano, aun siendo una película imperfecta y sujeta a debate, es el espectáculo inigualable de personas inteligentes que hablan, que se responden a la velocidad del rayo con la frase justa. Pues sólo en el cine -y en la imaginación de Amélie Poulain- existen esos benditos apuntadores que a pie de calle nos susurran la réplica exacta, la sentencia demoledora en el momento preciso, para hacernos héroes del ingenio y de la dialéctica. 

           
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