Community. La buena gente

Ocho capítulos después, sigo sin encontrar en Gillian Jacobs el defecto físico que la haga merecedora de mi amor. De todos modos, me va gustando, Community. No tengo mejor termómetro para las sitcoms que el grado de sufrimiento de mis piernas al pedalear, y éstas, de momento, apenas se quejan mientras devoran kilómetros –es un decir- por los pasillos de la Universidad de Greendale. Sospecho, de todos modos, que Community no me va a gustar tanto como Seinfeld, o como The Office. Es una serie fresca, divertida, de entorno inusual y poco manido, pero todos sus personajes son en el fondo buena gente, egoístas pero cándidos, tramposillos pero sentimentales. El tono general no concuerda con la misantropía básica de mi carácter. Community no me va a enseñar nada verdadero sobre la naturaleza  de las personas. Nadie es tan guay, ni tan bonachón, ni tan pecador exclusivo de lo venial. Va a ser una serie de ficción, en el sentido estricto de la palabra. 

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