Historia del cine de Mark Cousins. Nickelodeons

En el segundo capítulo de la Historia del Cine de Mark Cousins la historiadora Cari Beauchamp habla de cómo eran las espectadores norteamericanos en los años 20, aquellos que llenaban los nickelodeons en los primeros tiempos de la fiebre popular por el cinematógrafo:
            “La mayoría de los norteamericanos no habían ido más allá del sitio donde nacieron. [...] A medida que empiezan a hacerse películas, y a construirse cines, de repente, ibas a la esquina y por diez o quince centavos podías ver el mundo entero”
            Uno, que ha crecido cien años después de los nickelodeons, sí ha viajado más allá de los veinte kilómetros a la redonda. Uno ha visto algo de mundo, que se dice. Pero no mucho más que aquellos granjeros del maíz, o que aquellos panaderos del Bronx. Uno sólo viaja en las vacaciones, y en los puentes laborales que la Lutwaffe empresarial todavía no ha bombardeado. Y tampoco demasiado lejos, sólo a lugares donde el castellano mesetario sea idioma común, y le sirva a uno para no morirse de hambre en los restaurantes. Luego, en la vida cotidiana del trabajo y los fines de semana en casita, uno no se aleja de su cueva más allá de una legua. Si acaso dando un largo paseo, o meneando las lorzas en la Vuelta Ciclista al Vecindario. Uno lleva, en el fondo, una vida muy parecida a la de aquellas gentes. Para los que nunca compramos guías de países extranjeros en las librerías, el cine sigue siendo nuestra ventana a otros modos de pensar, y de vivir.

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