De latir mi corazón se ha parado

De latir mi corazón se ha parado es un precioso título para esta película de Jacques Audiard. Entiendo poco de cine, la verdad, como entiendo poco de fútbol, y casi nada de los asuntos de la vida. Me gustan, simplemente, las películas que me proporcionan emociones creíbles. Y en De latir mi corazón se ha parado las encuentro a raudales. A veces, con las películas, ocurre que uno quiere evadirse de su yo fastidioso y se encuentra otra vez consigo mismo, teletransportado al mundo ficticio, caminando con las mismas ropas que viste el protagonista, metido en sus pensamientos, guiado por una lógica que parece calcada a la suya propia, de tal modo que uno ya no ve la película, sino que es la película. La historia de este macarra que quiere abandonar el negocio de las hostias para dedicarse a tocar el piano, me ha sonado a conocida, a muy cercana. Ese matón y yo nos parecemos mucho: él ficticio y yo real, él parisino y yo leonés, él matarife y yo funcionario, él pianista y yo escribiente. Ambos compartimos una lucha vital, un anhelo de reposo, la búsqueda de un refugio espiritual cuando llega la hora de lo oscuro. 


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