Muchos hijos, un mono y un castillo

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Julita Salmerón no me ha caído en gracia. Qué quieren que les diga. Soy así de raro y de particular. Me caía mejor la madre de Paco León, Carmina, en aquel otro experimento del hijo cineasta, aunque la señora andaluza se las trajera con algunas cosas.

    Lo mío con Julita deben de ser prejuicios tontos, mandangas personales, porque la crítica especializada se ha descojonado con sus ocurrencias, y el público pagano se ha rendido con sus tontunas, y todo es unanimidad y buen rollo alrededor de esta señorona que dio a luz a los numerosos hermanos Salmerón. Pero a mí me ha caído gorda, doña Julia, desde la primera escena, con esa manera de masticar las galletas con la boca abierta haciendo todo el ruido posible, en una carta de presentación que ataca directamente el epicentro de mis neurosis. No lo soporto, ese regodeo de Gustavo Salmerón en filmar a su madre mientras mastica a mandíbula batiente las tostadas, los bocadillos, las jamonerías... Las croquetas de José Antonio. Es repugnante. Pero ya digo que son cosas mías, y además peccata minuta, como lo del síndrome de Diógenes, o lo del tenedor extensible, si luego la buena mujer despertara en mí otras simpatías, otras cordialidades. Y a fe mía que al principio me esfuerzo, y hasta sonrío con dos o tres disparates salidos de su senilidad. Porque vengo, además, a la película, o a lo que sea, con la recomendación encarecida de un par de amistades a las que tengo en alta estima. Pero a la media hora encallo, me aburro, me desintereso del esfuerzo. Empiezo a pensar que este documental lo podría haber rodado yo mismo con mi señora madre, allá en León, y no termino de verle el mérito. Pocos hijos, una gata y un piso cutre en el extrarradio. Un título menos elocuente y aristocrático que lo del mono y lo del castillo. Aunque luego resulte que el mono sólo sale en las fotografías.

    A mí lo que realmente me jode es lo del castillo, y lo que representa. Porque a fin de cuentas, la familia Salmerón -por muy graciosa, destartalada, original, mortadelofilemónica que nos la quieran presentar- no deja de ser una familia franquista a la vieja usanza, con su marido fachorro, su mamá falangista, sus muchos hijos destinados a repoblar la buena España. Quién cojones iba a vivir, si no, en un castillo de Castilla, y no en uno que haya precisamente que rehabilitar.



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