Todas las canciones hablan de mí

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Yo soy más de películas que de canciones. Y por eso, en las tribulaciones del amor, todas las películas hablan de mí. Como si pensaran en mí al escribirlas, y al plasmarlas en imágenes. Da igual el género o el tono: en todas encuentro una frase para la esperanza o una reflexión para el desespero. Un personaje en el que reflejarme. Una situación que pone a prueba mi determinación o mi hundimiento. Incluso en aquellas películas que ya vi una vez sin encontrar nada que me aludiera. Como el personaje de Ramiro en Todas las canciones hablan de mí, que reescucha, sorprendido, e interpelado, una canción de Franco Battiato que antes despreciaba. Todas la canciones hablan de mí también habla de mí. Por supuesto. Y mucho. Casi tanto que a veces me asusto. La realidad y la ficción han coincidido ocupando el mismo espacio mental. Es como una broma del Demiurgo. O como una casualidad de la hostia.



    Huyendo de la realidad, caigo en las películas para seguir repensándome. Pero yo no las busco. Son ellas las que me persiguen como novias indeseadas. Yo trato de usarlas como quitapenas, como pasatiempos, pero ellas se rebelan, quieren protagonismo, y se vuelven trascendentes, pedagógicas, casi evangélicas. Y encuentran, además, un caldo de cultivo con muchos nutrientes. Un receptor muy atento. Porque la melancolía, en contra de lo que pudiera pensarse, agudiza los sentidos. Uno trata de dormir, o se arrebuja en el sofá, o pasea lánguido por las calles, y para el observador externo parece que todo funciona al ralentí, como adormecido por el dolor. Pero en las tristezas del amor, el cerebro establece sinapsis inauditas, asociaciones sorprendentes. Se vuelve creativo y perspicaz. Es un mecanismo de defensa. Un hecho evolutivo. Come de todo y todo lo absorbe. Es un tragaldabas de la realidad, aunque a veces parezca ausente de ella. De todos es sabido que el tiempo de depresión es el más propicio para la composición de una sinfonía, o para la escritura de una novela. O para el conocimiento personal de las mierdas y las glorias. Uno llora en el esfuerzo, y se retuerce de dolor, pero produce cosas muy valiosas para el futuro. Los grandes poemas no nacieron del gozo del amor. Quizá alguno sí, no sé. Pero seguro que hablaba de sexo.
   


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