The trip

Con todos los gastos pagados por The Observer, que en la pérfida Albión viene a ser como el suplemento dominical de El País, Steve Coogan y Rob Brydon recorren el norte de Inglaterra en un viaje gastronómico y cultural del que luego habrán de rendir cuentas con inteligentes comentarios. Podría decirse que The trip es una road movie con mucha niebla en el parabrisas y mucha hierba en el paisaje, pero sería inexacto describirla así. Porque las road movies llevan implícita la noción de cambio: del paisaje, que se muda, y de los personajes, que se transforman por el camino, y aquí, en The Trip, cuando termina la película, los personajes de Coogan y Brydon  -que hacen de sí mismos en un porcentaje que sólo ellos y sus biógrafos conocen- regresan a sus vidas civiles con los mismos planteamientos que dejaron colgados cinco días antes. Porque en realidad ellos no se soportan -o fingen no soportarse- y pasadas las primeras risas y las primeras imitaciones lo único que quieren es perderse de vista y regresar a sus cálidos hogares donde les espera -¿o no?- la parienta amorosa.





Si cambiáramos los restaurantes pijos de Inglaterra por las bodegas vinícolas de California, The trip sería un remake británico de Entre copas, la película de Alexander Payne. La comida y la bebida sólo son mcguffins que Winterbottom y Payne utilizan para sentar en la mesa a dos hombres adentrados en la crisis de los cuarenta. Las dos películas parecen comedias, pero en realidad no lo son. En The trip te ríes mucho con las imitaciones que Coogan y Brydon hacen de Michael Caine o de Sean Connery, o con las versiones de ABBA que cantan a grito pelado mientras conducen por las carreteras sinuosas. Hay un diálogo genial sobre qué enfermedad estarías dispuesto a permitir en tu hijo a cambio de obtener un Oscar de la Academia. Pero también se te ensombrece la cara cuando charlan en los restaurantes sobre la decadencia inevitable de sus energías, sobre el esplendor perdido en la hierba de su sexualidad.

Rob:       ¿No te parece agotador andar dando vueltas, yendo a fiestas y persiguiendo chicas...?
Steve:      No ando persiguiendo chicas.
Rob:         Sí, lo haces.
Steve:      No las persigo. Lo dices como si yo fuera Benny Hill.
Rob:      ¿Pero  no te parece agotador, a tu edad?
Steve:     ¿Te parece agotador cuidar un bebé?
Rob:       Sí, me lo parece.
Steve:     Sí... Todo es agotador después de los cuarenta. Todo es agotador a nuestra edad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com