Juego de Tronos 7x01

Y por fin, después de tantos meses de espera, llega otra vez el invierno, ahora que aquí, en los reinos mediterráneos, estamos atravesando la canícula. Suena a broma, la verdad, y un poquito pesada, recocidos como estamos en nuestros propios jugos, pero todo se lo perdonamos a la HBO con tal de que obre la magia de nuevo.

    El invierno se cierne sobre los Siete Reinos y nosotros cogemos sitio en los sofás con la camiseta pegada al cuerpo, o con la piel desnuda pegada al sofá. Uno ha visto las promos en el canal de pago y ha sentido añoranza por el invierno de los Caminantes Blancos, que vienen a agitar el avispero de los reinos ingobernables, y a animar un poco nuestras alicaídas televisiones, que a falta de fútbol y de otras series de tronío se alimentan de desperdicios y de restos recalentados.  Pero uno, al mismo tiempo, viendo a los Stark recomponiendo la figura, ha sentido nostalgia del invierno climatológico, del que viene sin muertos ni malos augurios, un dios querido y entrañable que se nos fue hace meses al otro hemisferio con su mochila llena de nieve, y su abrigo bien forrado por dentro. Qué suertudos que son los pibes, los Kiwis, los onas, que verán la nueva temporada de Juego de Tronos con una mantita sobre las rodillas, con un caldito entre las manos, con otro cuerpo bien apretujadito en el costillar.



    Ha vuelto Juego de Tronos, sí, y ha vuelto como casi siempre, un poquito aburrido en el episodio inaugural, sobrevolando el tablero de ajedrez de las siete monarquías con sus siete colores y sus cien galimatías -lo del ajedrez es una metáfora tan manida como certera, tan facilona como descriptiva, y este blog no va a esforzarse demasiado por encontrar una nueva comparación.

    En el 7x01 vamos saltando de pieza en pieza para recordar cómo se movía cada personaje, como se combinaba con otros secuaces para tener en jaque al rey de turno, o a la reina turnante. Sólo al principio del episodio vemos a un alfil de los Stark sembrando el pánico entre los escaques negros del enemigo. Lo demás es estudio, estrategia, planificación para las batallas cruentísimas que están por venir. Un poco decepcionante, si me apuras, pero está bien que así sea. No es cuestión de, ¡hala!, liarse a espadazos a las primeras de cambio, para satisfacer nuestros bajos instintos de espectadores. Los seguidores de Juego de Tronos tenemos miras más altas, paciencias más refinadas. Aunque el monstruo interior pida caña desde el primer fotograma, nosotros preferimos que nos adulen la inteligencia y el saber estar. Pero que no tarden mucho en empezar.


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