Catastrophe, temporada 3

La catástrofe del título fue el embarazo no deseado de Sharon, la pelirroja irlandesa que una noche de marcha conoció a Rob, el grandullón americano que pasaba por Londres en viaje de negocios y depositó la semillita en lo que ambos pensaban que era un huerto baldío. Luego la catástrofe no fue tal: el embarazo fue aceptado, Rob cruzó el charco para mudarse, y el desliz del pene deslizándose en la vagina se convirtió en el momento inaugural de un amor inquebrantable.

    La catástrofe de los gametos fue el punto de partida de una serie fresca, ocurrente, con diálogos de pareja enamorada y conflictiva que hacía tiempo que no escuchábamos. Todos los que hemos lanzado y recibido puyas en el lecho precoital, o postcoital, nos reconocimos en esos lances de florete que van construyendo el nido de amor con ramas bien firmes y algunas más dubitativas. Rob y Sharon se odiaban, se amaban, se reían el uno del otro y al mismo tiempo se admiraban con una sonrisa. Unos días Rob tiraba del carro y otros era Sharon quien tomaba las riendas: en el sexo, en el entusiasmo, en las naderías del día a día. En las decisiones importantes. Distintos, pero complementarios; jodidos, pero jodedores. Muy suyos, pero muy entregados. Diáfanos, pero contradictorios. Peleados y reconciliados en un lapso de diez segundos, o de diez días, pero siempre de regreso. Soñadores en secreto de una vida distinta, de príncipe azul y princesa de rosa, pero siempre fieles y regocijados. Siempre abrazados al final de cada jornada. El amor...



    Ahora vamos ya por la tercera temporada, y cada vez nos reímos menos, los espectadores. Rob y Sharon se nos están haciendo mayores, tanto como nosotros, los cuarentones que les acompañamos en el declinar. En Catastrophe sigue habiendo sexo, y risas, y diálogos coñones que son para apuntar en el cuadernillo de las ocurrencias. Pero la comedia está dejando paso al drama de los cielos grises. A la catástrofe verdadera, irremediable, que se nos llevará a todos por delante: el paso del tiempo. A Rob y a Sharon les están saliendo las primeras canas en el cuerpo, y las primeras arrugas en el espíritu. Se mueren los seres queridos, resurgen los viejos defectos, regresan las dudas extinguidas... Se les escapa la vida entre los dedos. Se deprimen. Se entristecen. Se buscan para curar las heridas pero no siempre se encuentran. Vuelven a soñar con otra vida posible. Caen en la tentación, en el pecado de orgullo. De aquel polvo vinieron estos lodos, piensan. Ahora viven arremangados, y enfangados hasta las rodillas, y tratan de arreglar los desperfectos. Continuará...


2 comentarios:

  1. "Se buscan para curar las heridas pero no siempre se encuentran"...24 años juntos,dos hijas ,dos trabajos agotadores...46 y 48.Quizás por éso me enganchó ésta serie...recomponerse cada día mientras la vida se dedica a hacerte trizas.
    Te envidio la infancia de cine.
    Un saludo!

    ResponderEliminar

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com