Bone Tomahawk

El género del western, desde que hace veinte años le internaran en urgencias y le diagnosticaran una muerte inmediata, se ha vuelto un abuelete sanísimo que hace cien flexiones todas las mañanas, compra bolsas de naranjas en el supermercado y estampa las fichas de dominó con una fortaleza que a mí me rompería los veintisiete huesos de la mano. El western está hecho un chaval, y no tiene pinta de ir a morirse a corto plazo, para lamento de sus herederos. Cuando Clint Eastwood, en un último intento por salvarlo, rodó Sin Perdón y le salió una obra maestra como la copa de un pino, le insufló nueva vida en los pulmones, y en el hospital ya no hubo que echar mano de la máquina que hace ping, ni de la que hace pong, como aquella que trasteaban los enfermeros locos en El sentido de la vida.



    Visto que el abuelete estaba sanísimo, reverdecido, y que incluso trempaba cuando se le ponía delante una madurita de buen ver, los productores de Hollywood le han ido buscando novias con las que entrecruzarse, a ver si de ahí salía un vástago que diera frutos en taquilla. Al western le han emparentado con alienígenas, con viajes en el tiempo, con reflexiones futuristas como la que proponían en Westworld. A veces con fortuna y a veces sin ella. En Bone Tomahawk, un iluminado que responde al nombre de S. Craig Zahler ha decidido que al Far West le sentaba bien una tribu de indios antropófagos, unos muy salvajes, antediluvianos, que secuestran al hombre blanco para cortarlo en pedacitos y cocinar con él unos platos muy bastos que no ganarían jamás un premio en Masterchef. Dicho así, podría pensarse que Bone Tomahawk es una película pensada para los chavales, para que ellas entrecierren los ojos y ellos, muy chulitos, se rían a mandíbula batiente y las tomen cálidamente por los hombros. Pero a este cineasta inesperado le ha salido un western muy tradicional, muy mesurado, con el espíritu ecuménico de los hermanos Coen sobrevolando todo el metraje. Salvo cuando llega la hora de enfrentarse a los cocineros, claro, y aquello se convierte en el Holocausto caníbal revisitado.


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