Ariane

Me ha sucedido una cosa extraña con Ariane. La recordaba como una película bonita, bien hecha, menor en la filmografía de Billy Wilder. Audrey Hepburn sonreía encantadora y Gary Cooper ensayaba aposturas de galán en decadencia. Y se amaban sin esperanzas... Y de fondo París, la ciudad del Amor, y de la Luz, ahora que yo me he quedado sin ella.



    He visto Ariane casi por casualidad, porque la he encontrado de bruces en la estantería, sin recordar siquiera que la poseía. La he colocado en el DVD con cierta desgana, sólo para transitar las primeras horas de la tarde, que es cuando los recuerdos salen a dar su paseo por los bulevares de mi cerebro, y me clavan sus bastones de viejecitos que buscan el sol como reptiles. Y me distraen de lo que veo. En las películas de estos tiempos paso minutos enteros sin saber lo que me cuentan. Vivo en la Babia de mis penas, que no es la Babia real de las praderías, sino un campo de cenizas por donde pasó Atila con sus hunos, y con sus muchos. Enfrentado al televisor proyecto en él mis propias peripecias, que son muy de llorar, por dramáticas, y muy de reír, por ridículas, como de payaso metepatas y tristón. No tenía muchas esperanzas, con Ariane, de evadirme, de suplantarme, pero de algún modo se ha obrado el milagro de la anestesia, de la postura cómoda en el camastro. No, por supuesto, del olvido, porque la cicatriz es un costurón, y viene de lado a lado, y cuando no duele palpita. Y cuando no grita escuece.
   Viendo Ariane quizá he sentido, y comprendido, ciertas cosas que hace veinte años, cuando la vi por primera vez, no supe apreciar. Puede que en cuestiones de amor -y mucho más de amores imposibles, como el que siente Ariane por el señor Flannagan-, yo me haya hecho doctor, o catedrático, o al menos alumno aventajado, para seguir sus intrincados derroteros. O tal vez sólo filosofo, y desbarro, confundido por esta bruma, y en realidad todo es tan sencillo como que he vuelto a caer enamorado de Audrey Hepburn, y que la sigo como un corderito por cualquier película en la que sonríe. 


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