Todos queremos algo

Los machos de nuestra especie sólo conocen dos actividades básicas: rondar a las mujeres y medirse las pollas. O lo que es lo mismo: buscar compañeras sexuales con las que asegurarse la descendencia, y pelear con otros machos por la posesión de las hembras más preciadas. No hay nada más. El resto sólo es nutrirse, dormir, reposar el cuerpo para esta doble batalla de la vida.
    Cualquier cosa que hacemos los hombres está encaminada a impresionar a una mujer, o a elevarse por encima de otro hombre. Tengo más fuerza en el bíceps, más dinero en el banco, más caballos en el coche, más hondura en la escritura poética. Entre nosotros todo es una competición soterrada, solapada, que no suele terminar en agresión porque vivimos en una sociedad civilizada y hay unos señores vestidos de policías y de jueces que se enfadan mucho si uno va por ahí abriendo cráneos o rajando abdómenes. Cuando alguien con más méritos o con más suerte nos birla a la señorita que añorábamos, nos queda la envidia, la frustración, y hay quien convierte esto en una neurosis incapacitante o en una obra maestra de la literatura universal, según el talento de cada cual.



    En Todos queremos algo, Richard Linklater responde al enigma que quedó sin resolver al final de Boyhood: ¿qué fue de Mason, aquel niño entrañable, aquel muchacho pensativo, cuando llegó a la universidad y se vio rodeado de una caterva de compañeros que sólo pensaban en follar? Todos queremos algo transcurre en los días anteriores al inicio de curso. Los compañeros que habrán de compartir casa y vestuario aprovechan este tiempo para conocer los andurriales, repartirse los dormitorios, y sobre todo, medirse las pollas. Y cuando uno dice medirse las pollas el abanico de actividades se hace casi infinito. Los hombres han ideado múltiples formas de desafiarse a lo largo de los siglos, y esta pandilla de hormonados acaba probando casi todas en dos horas de metraje. Desde las más elevadas, como la práctica del béisbol o la erudición musical, hasta las más bajas, como la ingesta alcohólica o la emulación de Tarzán en los bosques del contorno. Todos queremos algo es un episodio de National Geographic sobre cómo los universitarios se golpeaban el pecho y gruñían su celo allá por la era geológica de los años 80.



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