Uno, dos, tres

La primera vez que vi Uno, dos, tres -wilderiano primerizo que escuchaba las cátedras nocturnas de Carlos Pumares- quise reírme como un cinéfilo de verdad pero no pude. Wilder y Diamond se descojonaban de un chico comunista que vestía como un desheredado de la fortuna, coreaba consignas contra los yanquis imperialistas y creía a pies juntillas en la superioridad moral del otro lado del Telón. Y a mí esas burlas me dolían en el alma, y me las tomé casi como un insulto personal, porque yo también era un joven bolchevique que vestía el pret-a-porter de los proletarios y denostaba la influencia cultural de los americanos. (Para saber cómo llegué a hacerme comunista sin familia que me respaldara, amigos que me siguieran o lecturas que me influyeran, habría que leer ese blog inexistente donde cuento mis biográficas contradicciones sin pelos en la lengua). En Uno, dos, tres, Wilder y Diamond también usaban su mala follá para reírse del capitalismo, pero sólo de sus excesos más ridículos, no de su esencia maligna y muy poco edificante. Se les veía el plumero de refugiados en Estados Unidos que rodaban una película sobre la Guerra Fría y no querían pillarse los dedos ni con las censuras ni con las taquillas. Y yo, además, era demasiado imbécil, demasiado corto de miras, para tomarme la película como lo que realmente siempre fue: un gran chascarrillo sobre la tontuna de los dogmatismos y las debilidades de los dogmáticos.



    Con el tiempo se me fueron cayeron los mitos, los credos, los pósters revolucionarios que adornaban mi habitación -de los que sólo sobrevive un retrato del Che Guevara que me echa en cara mi vida perezosa. De aquellas hoces y aquellos martillos -y aquellas camisetas de la CCCP que usaba para jugar al fútbol con los amigos- sólo queda el hábito consolidado de votar a la izquierda irrelevante cada cierto tiempo y de renovar mi pobre vestuario aprovechando las rebajas textiles del Carrefour. Y queda, también, el DVD de Uno, dos, tres en un lugar sacrosanto de la estantería, para regocijarme cada cierto tiempo con la comedia perfecta y recordar al tonto cegarato y estrecho de risas que una vez fui. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com