Review. Temporada 2

Forrest McNeil es un hombre gris, bajito, con gafas, que ha pasado sus primeros cuarenta años huyendo de la vida. La vida de verdad, la que se apura sin miedos ni remilgos. Forrest ha cumplido con el trámite de los juegos infantiles, de los estudios obligatorios, del trabajo honrado que le permite vivir sin apreturas. Vive casado con una anglosajona canónica en una casa típica de los americanos, con su única planta, su verde césped, su periódico que llega puntual cada mañana. Forrest, que a veces se levanta feliz de estar vivito y coleando, que a veces piensa que el esfuerzo de nacer ha merecido la pena, ha decidido prolongarse genéticamente en un chaval con pinta de no ser demasiado espabilado. Forrest ha transitado por la vida,  sorteando los obstáculos, buscándose un ecosistema, pero en realidad no ha vivido. Se ha dejado llevar. Ha huido de los riesgos, de las aventuras, de las experiencias desafiantes. Es un superviviente más, pero no un "viviente".



    Es por eso que un buen día, harto ya de producir telebasura y comedia barata en su trabajo, decide coger el toro por los cuernos y desarrollar un nuevo programa de televisión: Review. En Review, los espectadores le proponen diversas experiencias que él, muchas veces en menoscabo de su propia integridad física, de su propia reputación de hombre civilizado, se lanza a probar para luego puntuarlas de una a cinco estrellas. Forrest McNeil se compromete a criticar la propia vida: a llegar al límite de lo gozoso o de lo intolerable. De lo éticamente reprobable incluso. Da igual. Forrest ha decidido contener la respiración y zambullirse hasta las profundidades. Todo forma parte de la vida al fin y al cabo, y él ha decidido traspasar los límites y las vergüenzas.  En esta segunda temporada será desafiado a ser enterrado vivo, a fundar una secta de chalados, a decidir su destino vital con una bola mágica de juguete. A lanzarle una flecha a su propio hijo como hiciera Guillermo Tell o probar las delicias de un "glory hole" practicado en los baños públicos. Forrest será tiroteado, apaleado, insultado, humillado por su exmujer. Repudiado por sus amigos y vecinos. Ninguneado por su propio padre. Su vida se ha ido al traste en bien del programa, pero Forrest está extrañamente feliz. Se siente vivo por primera vez, aunque para eso haya tenido que pasarse al lado oscuro de la Fuerza. Tal vez sea eso -ese vértigo, ese poderío, esa malicia sin culpa -lo que sienten por dentro los Jedis traidores.



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