Black Mirror: Caída en picado

En el futuro que plantea Black Mirror: Caída en picado, todos llevaremos una valoración numérica flotando sobre nuestra cabeza. Tal número, obviamente, no será una cartulina recortada que vaya pegada con celofán, como un trabajo manual hecho en la escuela. Será una cifra virtual que aparecerá en las lentillas Z-Eye que todo el mundo lleva incorporadas, y que nos escanean el rostro, y el currículum del alma, en cuestión de décimas de segundo. Las lentillas Z-Eye, que ya han aparecido en otras distopías de Black Mirror, van camino de convertirse en adminículos legendarios para los fanáticos de la ciencia-ficción.



    En cada interacción social de Caída en picado, las personas se valoran al instante apuntándose con sus teléfonos. Como vaqueros que desenfundan su revólver si la cosa no ha pintado bien, o como colegialas lanzándose un beso, si el encuentro ha ido guay del Paraguay. Gracias a ese Superfacebook que viene instalado en todos los móviles, uno recibe cientos de valoraciones cada día, en la acera y en el trabajo, en la cafetería del pueblo y en la cola de la panadería, y así, roce a roce, y verso a verso, se va conformando la cifra que vive suspendida sobre las cabezas, como el aura de un santo, o el sulfuro de un demonio. Podría parecer un asunto estúpido, baladí, un juego contable con el que matar los ratos muertos o echarse unas risas con los amigos. Pero esa cifra, en la numerocracia de Black Mirror, es el pasaporte que da acceso a las mejores camas en el hospital, o que coloca a tus hijos en mejor disposición para ser admitidos en la Universidad. No puedes tener una buena casa, un buen trabajo, un coche último modelo, si vas por ahí con un 3 de valoración sobrevolando la cabeza. En esta distopía que parece muy lejana, pero que en realidad, como todas las que plantea Black Mirror, está a la vuelta de la esquina, la amabilidad se ha convertido en el valor supremo que rige el mundo. La sonrisa falsa, el gesto comedido, el taco reprimido. La nula conflictividad social. La contención de cualquier gesto de asco o de molestia. El like que fingimos en Instagram, el me gusta que simulamos en Facebook, el OK falsario que pulsamos en cualquier otro invento del demonio. 



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