Ciutat morta

Si Ciutat morta fuera un programa de humor, y no un documento trágico de mucho indignarse, lo podría haber prologado el tío Wyoming para decir aquello de: "Ya conocen las noticias; ahora les contaremos la verdad". La noticia es que el 4 de febrero de 2006, en el desalojo de una fiesta celebrada en un teatro municipal de Barcelona, un miembro de la Guardia Urbana es herido de gravedad en el enfrentamiento con los asistentes. Que cuatro chavales son arrestados como sospechosos de agresión, y que en el hospital donde son atendidos de sus lesiones, se practica la detención de otro hombre y otra mujer al parecer relacionados con los hechos. A partir de ahí, la noticia es la  prisión provisional, el proceso judicial, las condenas confirmadas, y finalmente, como desenlace fatal de todo lo ocurrido, el suicidio de Patricia Heras, la chica detenida en el hospital.



    La verdad, que diría el Gran Wyoming, es que los testigos presenciales hablan de una maceta arrojada desde el tejado como causante de las lesiones del guardia, pero como el agresor se ha evaporado al amparo de la noche y del tumulto, los agentes más voluntariosos deciden cargarle el mochuelo a los primeros perroflautas que pasan por allí, y que tienen, además, el añadido claramente incriminatorio de ser unos sudacas de mierda, y de tener cara de pasarlo muy mal a partir de ahora. La verdad, seguiría diciendo Wyoming, es que luego les cosen a hostias en la comisaría, que les llevan al hospital bien advertidos de no abrir la boca para denunciarlos, y que una vez allí, en pleno fervor laboral, se topan con una pareja de estética sospechosa que se cura las heridas de un accidente de bicicleta. Dos personas ajenas a todo acontecer del desalojo, pero que quedan de puta madre en la colección de antisistemas mandados al trullo. Una noche redonda de limpieza étnica, política y social en un sólo golpe de fregona.




    Ciutat morta va mucho más allá de denunciar el, vamos a llamar, "exceso de celo" de estos guardias tan hacendosos. Porque sin unos jueces prejuzgantes, unos políticos sin vergüenza y unos medios de comunicación acallados, es imposible que un caso así se sostenga durante tanto tiempo, y dé lugar a condenas en los tribunales. Sí, queridos amigos: Ciutat morta es una crítica contra el sistema. ¡Un documental antisistema!, y celebremos por todo lo alto tan bella palabra.  Por eso nació con tantos problemas, y con tantas censuras, y por eso, hasta hace nada, sólo estaba disponible en las catacumbas de la información. Porque pisa demasiados callos ilustres, demasiados juanetes electos. Ciutat morta es una denuncia en toda regla, sí, pero también un homenaje a la desdichada Patricia, un pajarillo que no pudo soportar su condición de reclusa señalada. Un mujer que vio truncada su vida por el gravísimo hecho, intolerable en una democracia moderna y europea, civilizada y democrática, de llevar un corte de pelo ajedrezado como el de Cindy Lauper.



    Es difícil resumir las dos horas largas de Ciutat morta: el estupor, la indignación, la conmiseración, la mala hostia que a uno se le queda en el cuerpo... Por eso, porque me veo incapaz, y porque además me vigila celosamente la Ley Mordaza inspirada por Marcelo, prefiero transcribir lo que cuenta en el mismo documental Gregorio Morán, periodista de La Vanguardia, que lo resume todo de puta madre:

    "En el cine americano, estos casos son siempre las grandes películas. Siempre, al final, aparece una cosa que nosotros no tenemos. Primero que la vida no es una película de Hollywood, para nuestra desgracia, y luego que existe una cosa llamada sociedad civil. En ella siempre aparece un periodista y un periódico, un juez honrado, un policía consecuente. Todas esas cosas aparecen en las películas, al final, por supuesto, y salvan la situación. Claro, nosotros no tenemos nada de esto. Absolutamente nada. Más bien todo lo contrario: el periodista hará el artículo para culpabilizarles, el policía los forrará a hostias, al juez le parecerá cojonudo cargarles con la máxima pena, etc., etc. Y la sociedad, además, aplaudirá diciendo: "¿Ves? Esto le pasa a la gente por vestirse como se visten".


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