Turistas en mi playa XVII

Ahora que por fin ha llegado el éxito, y que los seguidores de Juego de Tronos entran en este blog por decenas para leer mis ocurrencias, es de justicia acordarse de los pornógrafos que durante la sequía mantuvieron vivo el contador de visitas. Ausentes durante cuatro años los cinéfilos de lo clásico y los seriéfilos de lo moderno, los erotómanos que varaban en mi playa se convirtieron, sin ellos pretenderlo, en los receptores de mi escritura. En los acicates de mi esfuerzo. Ellos no navegaban las olas buscando opiniones sobre películas, ni cotilleos sobre mi biografía. Ellos venían al mondongo, al asunto, al intercambio de gónadas y a la variación de orificios, y caían en mi blog por los azares algorítmicos de los buscadores, que confundían mi lenguaje llano, de barriada, a veces soez, por una página web donde las actrices se desnudaban y los actores aprovechaban el desvestimiento para el catapún. Algunos pornógrafos se rehacían rápidamente del equívoco y volvían a la mar sin darme tiempo a saludarles, mitad confundidos y mitad cabreados. Pero otros, que se ofuscaban en el error, o que simplemente sentían curiosidad, se quedaban aquí leyendo los escritos, prendidos de la sonrisa ninfular de Natalie Portman a ver si en un descuido se le escapaba una teta, o se le volvía a ver el culo como en el Hotel Chevalier.




    Sí, queridos amigos y amigas: la poca sustancia o la poca risa que podáis llevaros de aquí se la debéis a los pornógrafos, que naufragio a naufragio mantuvieron este kiosco abierto durante los tiempos de crisis. Y en especial, a los homosexuales que buscando pichaloca.com caían cada dos por tres en la trampa de los buscadores. Y todo porque un día, en un artículo sobre la película El estudiante, me dio por usar ese palabro que yo creía un leonesismo de mi tierra, y que luego resultó ser una indecencia de uso común, tan universal que da nombre a una web de desnudos intermasculinos muy famosa y frecuentada. Todavía hoy, desapercibidos entre la masa de juegotronianos, siguen llegando juerguistas que se confunden de playa y me preguntan por la fiesta de las pichas locas. "Hombres gordos en ropa interior", buscaba uno ayer mismo; "gordo gay hermoso", buscaba otro; "pollas de negros", así, a lo mondo y lirondo, anhelaba el tercer turista desnortado. "Negro vs. chino pichaloca", deseaba el desnortado lector que hoy mismo, esta mañana, ha sumado una visita más a este blog que ahora se ha quedado tan pequeño, como un apartamento desbordado por la fiesta multitudinaria. 




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