Juego de Tronos 6x05. Kinvara.

Estas semanas de atrás, en el mismo canal donde ponen Juego de Tronos, Iñaki Gabilondo ha entrevistado a los científicos más brillantes del planeta. Cuando ya no esté -que es un programa de título algo fúnebre- intenta averiguar cómo será el mundo dentro de veinticinco años. Gabilondo, cogiendo el testigo dejado por Eduardo Punset en Redes, ha hablado con genetistas, ingenieros, informáticos, y ha llegado a la conclusión de que en algunas cosas vamos a seguir como estábamos, muriéndonos de viejos y lidiando con las coberturas del Wifi, pero en otros asuntos, revolucionarios de no creerse, al mundo no lo va a conocer ni la madre que lo parió. Los coches se conducirán solos, nos calentaremos órganos de repuesto al microondas, y Leo Messi, regenerado muscularmente cada año con una terapia genética, seguirá jodiéndoles el siglo a los pocos madridistas que todavía queden, conversas ya las masas a la religión mayoritaria del dios Blaugrana.



    Ninguno de estos sabios, para nuestro pasmo, y para nuestro dolor, ha dicho ni media palabra sobre ese collar luciferino que llevan las sacerdotisas del Señor de Luz. Yo, en mi desconocimiento, pensaba que sólo Melisandre lucía este adorno de hexágonos engarzados, un adorno que hace cuatro semanas supimos que no era tal, sino un confundidor de mentes para ocultar la vejez y la decrepitud. Pero se ve que no, que lo llevan todas las sacerdotisas por igual, incluida esta tal Kinvara de mi vida, y de mis entretelas, que se ha presentado en Meereen para soltar unas cuantas profecías sobre el destino de los reinos. Si los antiguos valirios, con su tecnología medieval, fueron capaces de inventar un collar con tales prestaciones, no sé por qué razón, en el futuro próximo que exploraba Gabilondo, ninguna empresa tecnológica va a ser capaz de desarrollar algo parecido. No sé a qué esperan los ingenieros de Apple, o los de Samsung. O los de Nokia, que hace tanto que no se comen una rosca. Un conversor holográfico de mujeres feas en guapas (y de hombres feos en guapos), con una batería que durara al menos veinticuatro horas, y pudiera recargarse por la noche cuando todos los gatos son pardos, sería, sin duda, después de los noodles instantáneos, y del iPlus donde grabo mis cinefilias, el invento mayúsculo de este siglo. Y de los siglos venideros también. 



3 comentarios:

  1. Oleeee ese Alvaro haciendo amigas en el club de las feministas 😂😂😂😂, aparte de eso nuestro Dios en su sabio conocimiento nunca daría la sabiduría a ningún ser para inventar un conversador holográfico, porque para estar todo el día babeando ya tenemos a los perrines, y además a Álvaro le seguirían jodiendo igual porque tiene la mala hostia de vivir en el reino de las morenas y las Diosas valquirias le siguieran quedando muy lejos así que querido amigo lo siento lo tuyo ni con collar se te arregla. Pero bueno siguiendo las enseñanzas Disney ya sabes "La belleza está en el interior" creo que este año ya se va a celebrar Miss y Mister Buena y Sensible Persona, porque la belleza exterior no le importa a nadie y está sobrevalorada.

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  2. A mí lo del conversor holográfico me mola. Pero cuando todos fuéramos guapas y guapos, pasaría aquello que decían en Los Increíbles: "si todo el mundo fuera superhéroe, nadie sería superhéroe". La fealdad es el necesario ying de la belleza. Y Kinvara se da un airazo a Rachel Weisz, por cierto.

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    1. Estimada Rosanna: gracias por participar. Tienes razón en ambas cosas. La belleza necesita de la fealdad para resaltar y ser valorada, como el perfume al sudor, o la salud a la enfermedad. Y sí: Rachel Weisz tenía una gemela secreta en Rusia, y acabamos de descubrirla.

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