Juego de Tronos 6x03

Ya sé que es una perogrullada, indigna de un blog que pretende ser ocurrente y acerado, pero en Juego de Tronos hay demasiados personajes. Y en ese demasiados empiezo a colocar, ay, una carga peyorativa.  Da igual que el body count de cada episodio alcance cifras astronómicas. Éramos tantos, al principio, y tantas las abuelas que han parido desde entonces, que aún queda mucho tejido humano por cortar. Entre los Siete Reinos, los territorios de Ultramar y las pedanías que gobiernan los adláteres y los vasallos, hay vivos de sobra para seguir alimentando la máquina chacinera. Para más inri, los muertos de más allá del Muro ni siquiera se mueren. Además, como sucede ahora mismo en la historia de Bran Stark, puedes conocer a un anciano que viaje en el tiempo -como hizo Marty McFly con el doctor Emmett Brown- y regresar al pasado para visitar al pariente muerto, o conocer a los héroes que aparecían en las leyendas. Y por si fuera poco, ahí sigue la bruja Melisandre, contribuyendo a la resta cuando envía herejes a la hoguera, pero también a la suma, cuando se aviene a protagonizar el remake de Milagro en Betania, susurrando hechizos por la boca, y lanzando conjuros por los dedos, como si no fuera ya suficiente hechizo su escote lechoso, que a lo mejor he elegido mal el adjetivo, por no decir blanquecino, que sonaba a encalar paredes, o "de marfil", tan manido por los poetastros.



    Son muchos los personajes, sí, pero somos muchos más los espectadores. Juego de Tronos, para su mal narrativo, y para su bien económico, gusta a demasiada gente. Unos prefieren a Fulano, otros a Mengano, otros a Zutana. Algunos están aquí por la sangre, otros por las luchas espadachinas, otros por las titis rutilantes. Algunos, los menos, por las afiladas lenguas que hablan del poder y de la gloria. Los hay, también, que sólo ven Juego de Tronos para no quedarse fuera de las conversaciones en el cafelito del mediodía, o en la caña del aperitivo, del mismo modo que en la vida real otros permanecemos atentos a la Casa Borbónica para no quedarnos sin conversación cuando nos visita la mamá. Quiero decir, en definitiva, que somos muchos a contentar, y así es imposible que los personajes queridos tengan los minutos apetecidos. Yo, por mi parte, que soy el que suscribe esta queja, tengo que lamentar que lord Varys y Tyrion Lannister hayan devenido dos bufones de la corte, dos tiempos muertos de la refriega, dos segundones que nada más empezar su plática ven cómo Mamen Mendizábal les retira el micrófono por haber consumido los 59 segundos reglamentarios. "Y ahora damos paso a la niña ciega, que la van a moler a hostias otra vez, y luego será el turno del majadero de Ramsay, para que nos ponga sus ridículas caras de psicópata".


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