Homeland 5.0

Homeland se ha convertido en un viejo amigo que nos visita de vez en cuando. Uno al que estamos en la obligación, y en el placer, de invitar a casa para abordar las naderías actuales, y recordar los tiempos trascendentes. Aunque hayamos perdido el contacto cotidiano y la conversación fluida, aunque esta vez temamos no encontrar el hilo y la complicidad de antaño, suspendemos planes y modificamos fechas por miedo a no volverlo a ver, tan imprevisible como es la vida, tan mayores como nos vamos haciendo.



          Uno, que ya es un viejo amigo de Carrie Mathison, examante platónico de su cabello rubio y de su rostro complejísimo, acude a la cita siempre que ella se anuncia por televisión. Sin embargo, noto con pesar que nos vamos distanciando en cada reencuentro. Que aunque sigo sus desventuras con los ojos como platos y los oídos como ensaimadas, sus azarosas desgracias cada vez me importan menos. Es todo tan enrevesado, tan forzado, tan improbable en su vida ya de por sí inverosímil, que empiezo a pensar que Carrie se inventa sus anécdotas. Que por no confesar que ahora es un ama de casa retirada con dos bebés en la cuna, es capaz de imaginar guiones y de simular accidentes para que no dejemos de admirar su estilo intrépido, su valor suicida, su inteligencia acerada. A fin de cuentas, qué amigo lejano no aprovecha la distancia y el desconocimiento para tirarse faroles, para presumir de ascensos en el trabajo o de hijos superdotados en el colegio. De mujer activa sexualmente o de amante preciosa guardada en la recámara. Quién no aprovecha estos reencuentros para inventarse una biografía basada en hechos reales, pero distorsionada hasta el límite de lo creíble. Ahora que Carrie dice estar perseguida por esos tipos tan malencarados de la SVR -la agencia rusa que al parecer sólo contrata matones estúpidos con picaduras de viruela- prefiero, por el bien de nuestra vieja amistad, hacer como que me lo creo todo, y disfrutar con el espectáculo pirotécnico de los espionajes y los tiros. Que además, hay que reconocerlo, Carrie cuenta de puta madre con su gracejo yanqui de Nueva York.




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