Pasolini

Cuando los demás hombres presumen de conducir a toda hostia o de echar dos polvos sin sacarla, uno, que está muy lejos de tales heroicidades del organismo, ha de sostener su masculinidad presumiendo de una amplia cultura forjada en los libros, y en las películas. Es el único mérito que me adorna ante las mujeres borrachas que no hacen muchos distingos. Pero es un valor hueco, falso, que va perdiendo cada día más materia, como un bloque de hielo en Groenlandia. Tampoco mis amigos conducen tan rápido como dicen, ni eyaculan dos veces seguidas sin tomarse un Kit Kat entre medias. Pero con ellos hay que llegar muy lejos para darse cuenta de la engañifa. Conmigo, si la damisela es un poco perspicaz, basta un café a media tarde para descubrir al farsante que se esconde tras el mago de Oz.



      Hoy, por ejemplo, antes de ver la película Pasolini, me he preguntado a mí mismo: ¿qué sabe uno, realmente, de Pasolini? ¿Qué supuestos conocimientos, de alta prosapia intelectual, me han conducido a esta película? De Pasolini, para empezar, uno ya no estaba seguro ni del nombre, que he consultado en la Wikipedia para no poner la ese doble, o la ele doble, en esa ortografía italiana tan enredosa. Luego, en un momento de sudores fríos, casi he confundido a Pasolini con Rossellini, el otro director italiano, éste sí con dobles grafías en el apellido. Pasolini, no jodamos, era el intelectual de las gafas de pasta, el homosexual militante, el cineasta provocador, el marxista que tendió la mano al catolicismo para construir una Italia sobre valores compartidos. Pasolini era el hombre al que homenajeaba Nanni Moretti en Caro Diario, el poeta que fue asesinado a golpes en un descampado de la playa de Ostia en un crimen todavía no esclarecido. Hasta aquí no veníamos mal, con el autoexamen de Pasolini. Un aprobado justito. Pero luego, al comenzar la película, he querido recordar el título de alguna de sus películas, yo que voy de cinéfilo por la vida, y no he sabido citarme ni una sola. Estaba aquella de la vida de Jesús en blanco y negro, y aquella otra de Totó paseando con el paraguas, y una muy rara de fascistas en la República de Saló dándose por el culo. Retazos, imágenes, detritus de antiguas cinefilias que se quedaron en nada, en los tiempos de la juventud. Cuánto he olvidado, y cuán bajo he caído.



         He visto Pasolini con las orejas de burro, avergonzado por mi ignorancia, pero al mismo tiempo deseoso de recuperar la asignatura. El problema es que la película sólo habla para los enterados. Buscando un curso de iniciación me vi abrumado por uno muy difícil de posgrado. Pasolini, además, es una película insoportable, petulante, mitad realidad y mitad simbolismo. Una película para intelectuales de verdad, de los que fuman en pipa y hacen juegos de palabras entre "mitificación" y "mistificación", mientras yo me rasco la cabeza y me ajusto pensativo las gafas de pasta. Lo único auténtico que hay en mi pose. 




1 comentario:

  1. Tú que ya eres adulto sabes que las drogas haces estragos Nooo, pues yo creo que eso es lo que le pasa a Pasolini y a esos intelectuales de los que hablas, esto es como los círculos que formaban los románticos ingleses como Bayron,Mary Shelley, Polidori..., que o fumabas opio o no sabias por dónde venían, pues yo creo que con estos directores pasa lo mismo o te has fumado algo o te has comido peyote o unos hongos o es imposible ellos tienen una visión óptica diferente al resto de los mortales que somos más o menos normales y solo abusamos del café. De todas las maneras como lo que viene a decir Billy Connolly en la película Nuestro último verano en Escocia, da igual el rintintin que lleves en la vida al final nada queda, solo el haber hecho lo que te gusta y estar satisfecho con pasar una tarde viendo una película o escuchando música porque el final siempre está escrito. Así que si a uno les flipa decir que Pasolini es la hostia porque desgarra el alma humana o chorradas por el estilo y otros alucinan diciendo que son capaces de dos sin sacarla porque decir que han practicado un simple misionero les parece de cobardes, pues muy bien para ellos pero cada uno en nuestro foro interno sabemos que con nuestro Fiat no conduciremos nuncá como con un Jaguar por mucho que lo queremos adornar y que intentar meterse en la mente de mucho zumbao es imposible, así que menos alucinar que para eso sí hacen falta las drogas.

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