Del revés

Lo han vuelto a hacer, esos mamones de Pixar. Arrancarme el lagrimón. Derrotarme en el sofá. Desenterrar recuerdos que uno guardaba bajo siete llaves. Son unos genios tramposos, unos hijos de puta excepcionales. Les amo y les odio con la misma vehemencia, en lucha sin cuartel.
         Uno, en su ridícula hombría, se había propuesto no caer en la trampa otra vez. Y menos hoy, con las melancolías a flor de piel, que con sólo rozarlas escuecen. No, me dije todo chulo: no voy a dejarme llevar por la tontería de los dibujos animados para disimular los churretes si alguien ronda las cercanías. Veré Del revés atento pero firme. Entregado pero circunspecto. Soy un cinéfilo maduro, veterano, que no llora con sentimientos bobos diseñados para niños. Guardemos las lágrimas para los perretes muertos y los enfermos moribundos. Y he aguantado un buen rato, la verdad, cambiando de postura, desviando la mirada, sustituyendo los respingos por estornudos. Pero al final me he derrumbado como un tontorrón. Ha sido un momento de debilidad insuperable, allá en el foso del olvido, donde los recuerdos de Riley se convertían en polvo y humo. Demasiada tristeza. Demasiada verdad inconsolable. Demasié para mi body.



            Del revés es una película perfecta. Pero le falta una vuelta de tuerca. Una secuela no apta para todos los públicos. La misma historia pero ambientada en el doble cerebro de un hombre. Cinco emociones dirigiendo el cotarro en la azotea y otras cinco, paralelas, dirigiendo los asuntos genitales. Nuestro cerebro y nuestras gónadas son dos centros ejecutivos que no siempre están de acuerdo, y que muchas veces se contradicen  en las legislaciones. El interior de los hombres es una burocracia fatigosa que administran dos gerentes mal avenidos. No es raro, por ejemplo, que uno sienta al  mismo tiempo asco allá arriba y alegría allí abajo. De hecho, es el estado binario más habitual de la vigilia. Tampoco es infrecuente sentir ira cuando lo de abajo se entristece, ni sentir miedo cuando la alegría se pone muy juguetona. Las posibilidades son muchas y descojonantes. Un sindiós que daría para mucha risa y muchos equívocos. La vida misma de cualquier hombre, ay.




2 comentarios:

  1. Y yo me pregunto, por qué los hombres pensáis que las mujeres nunca tienen esa discordia, es verdad que no solemos poner nombre a las partes de nuestro cuerpo y aunque nuestro cuerpo grite ESTA NOCHE QUIERO GUERRA, sabemos disimularlo mejor, pero también hay momentos de burocracia fatigosa, pero claro Pixar o Disney en su mundo católico y apostólico, en el que las niñas tienen que ser dulces y princesas no te va hablar de una heroina bixesual en la que en su vida lo principal sea acabar la noche compartiendo cama.

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  2. Tendré que leer otros libros, y conocer a otras mujeres... De todos modos, como siempre, ¡ping!, gracias por concursar, como diría el añorado Keating.

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