Turistas en mi playa IX

Los pornógrafos vienen y van de mi playa como el oleaje de las mareas. A veces llegan como la galerna, tecleando sexualidades tempestuosas que luego, decepcionados con mi templada escritura, no encuentran en este blog, que sólo habla de cine cuando uso la prosa, y de tetas bonitas -eso es verdad- cuando me da por la poesía.



           Otras veces, como sucede en este remanso otoñal, los sexófilos llegan buscando guarrerías que apenas mojan los tobillos, casi inocentes en su atrevimiento. El lector que tecleó "cara tetas mira" es sin duda un hombre atemperado, que sólo es lascivo cuando tocan a rebato en el dormitorio. Podía haber escrito "maromo empalmado juna cachumbas", que son las cosas que aparecen en el buscador cuando asoman los pornógrafos fetén. Pero este tipo, al que imagino tal vez adolescente modoso, o madurito respetable, ha pecado contra el sexto mandamiento sólo en su forma venial. Estoy seguro de que ha sido la foto de Woody Allen abismado en el pechamen de Scarlett Johansson -publicada en el blog hace unas semanas- la que ha servido de anzuelo para que este lector inflara con un clic mis maltrechas audiencias. Gracias sean dadas.



          Otro pornógrafo ha dado con estos escritos gracias a que compartimos interés por las peripecias vitales de Ignatius Farray, el admirado cómico del grito sordo y las anécdotas salvajes. Este lector tecleó en el casillero "ignatius farray adicto al porno", que es una cosa que el mismo Farray confiesa sin tapujos en sus entrevistas, y en sus monólogos descacharrados. Lo que otros, interpelados a cara descubierta, siempre tratamos de esconder, porque de pequeños nos inocularon con el virus de la culpa, a Ignatius, que vive libre de esas ataduras, lo usa como materia prima para forjarse una carrera de provocador profesional, y arrancarnos la carcajada a los que gustamos de su humor kafkiano y despelotado. Un saludo a ambos, al lector ocasional, y a Ignatius el hermano.




       El último sexófilo de esta entrega es un tipo que se ha liado con el teclado. ¿Qué quería decir, este turista de mi playa, cuando escribió "hombres con chors t el pene salido"? Deduzco que este amigo trataba de escribir "chorra" en vez de "chors", y que "t"  es la abreviatura de "tienen" en el lenguaje de los teléfonos móviles. Si voy por el buen camino, este visitante buscaba "hombres con chorra tienen el pene salido", que es una afirmación que vuelve a dejarnos en la encrucijada del doble sentido. ¿Quiere decir que los hombres con suerte no tienen problemas en empalmarse? ¿O que los hombres con chorra -en el sentido orgánico de la chorra- siempre tienen el pene salido? Dos obviedades, en cualquier caso, que no aportan nada al acervo popular. Pero que suman, eso sí, un clic más en el archivo de visitas, que anda muy famélico en estos malos tiempos para la lírica.



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