1992

Hace unos años, cuando la economía española iba viento en popa, y la clase media guardaba sus coches deportivos en garajes forrados de oro, pensábamos que la corrupción de nuestros políticos era un juego de niños, un pasatiempo de aficionados si la comparábamos, por ejemplo, con el derrumbe del sistema italiano en los años 90. En aquella época, en los telediarios socialistos, veíamos al juez Di Pietro de la operación Manos Limpias y pensábamos que aquel héroe de la decencia no podía dar abasto. Que le iba a dar un infarto de tanto perseguir a los infinitos chorizos y a las innumerables longanizas. Ningún partido del viejo régimen quedó libre de encarcelados, de señalados, de dimitidos abochornados. Fue el cataclismo total de la República que condujo a la Liga Norte, a Silvio Berlusconi, a la Izquierda Desunida de toda la vida. Nosotros, los vecinos del Mediterráneo, nos reíamos por lo bajini de los espaguetis. No entendíamos cómo podían haber votado a esa gentuza durante años sin coscarse de nada. Nuestros políticos también robaban, por supuesto, pero sólo lo justo para ir tirando con sus chalets de lujo y sus campos de golf. Nada que reprocharles mientras la fiesta continuara para todos.



            Ahora, en el año del Señor de 2015, los italianos han creado una serie de televisión que cuenta aquellos acontecimientos de su política nacional. Se titula 1992, que fue el año de su catástrofe y de su vergüenza, mientras nosotros presumíamos de la Expo de Sevilla y de un príncipe muy guapo que llevaba la bandera en los Juegos Olímpicos. Los protagonistas de 1992 son un cabestro que se afilia a la Liga Norte, un publicista que maquilla los tejemanejes de Berlusconi, un policía malencarado que ayuda al juez Di Pietro en sus desvelos y una chica monísima que chupa pollas a diestro y siniestro (sic) para convertirse en estrella de la televisión y poner remedio, con su belleza y su salero, a las penas y rabias de los votantes. La serie tiene una factura impecable, y su chicha es interesante y nutritiva, pero a los españoles nos llega un poco tarde. Hace unos años nos hubiéramos quedado con la boca abierta, de tanto latrocinio y tanta comisión ilegal, pero ahora vivimos muy trallados, muy escarmentados. Si ves los episodios de 1992 justo después de El Intermedio casi no te das cuenta de la transición. Caes en la cuenta cuando te descubres arrobado por esta actriz bellísima llamada Miriam Leone, y ya no por la exuberancia familiar de Sandra Sabatés. 1992 es un gran documento, pero a los españolitos de a pie ya no puede sorprendernos ni indignarnos. Con el tiempo hemos descubierto que nuestros políticos robaban tanto o más que los italianos, pero que supieron hacerlo con más disimulo, o pagar más a los jueces que miraban para otro lado. Hemos tardado veinte años en saber que 1992 también fue el año inaugural de nuestra ignominia, y de nuestra pobreza.




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