Show me a hero

El héroe al que hace referencia Show me a hero es el alcalde de Yonkers en los años ochenta, Nick Wasicsko. Siendo el regidor más joven de los Estados Unidos, tuvo que acatar el mandato federal de construir viviendas sociales para negros en barrios residenciales de gente blanca. Amenazado por las multas millonarias que llevaban al ayuntamiento a la bancarrota, Wasicsko perdió el apoyo y el respeto de sus propios vecinos, que lo insultaban y lo escupían y lo zarandeaban en el coche cuando salía de los plenos. Masas vociferantes de white people que temían la depreciación de sus viviendas, que se imaginaban un infierno vecinal de drogadictos en las aceras, robos en las madrugadas y loros con el chunda-chunda puesto a toda potencia.



           Mientras otros concejales de Yonkers -unos por miedo y otros por populismo- se declaraban en rebeldía contra el gobierno federal, Wasicsko tuvo que apechugar con su juramento constitucional, y con sus propias convicciones de demócrata ilustrado, él mismo descendiente de emigrantes de clase baja. Aunque el apellido es de origen polaco, el actor que lo encarna es Oscar Isaac, un tipo muy solvente que sin embargo nació en Guatemala, y que tiene un aspecto guatemalteco que no desmiente su documento de identidad. Yo pensaba, mientras veía los seis episodios de la serie, que el error de casting era morrocotudo, impropio de David Simon y de su equipo de linces, pero luego, en el capítulo final, que se cierra con imágenes reales de archivo, uno descubre que en realidad se han quedado cortos con la caracterización, pues el Wasicsko verdadero parece un jinete del ejército de Pancho Villa, con su bigotón y su pelazo moreno.



          Aun así, el look de Oscar Isaac es sin duda lo más discutible de Show me a hero. Uno no puede empatizar con Nick Wasicsko si éste se parece tanto a José María Aznar, nuestro insigne ex-presidente. Nadie más lejano a mi concepto de héroe político, de hombre bueno y honrado. Cada vez que el personaje aparece en pantalla, uno no puede reprimir una punzada en el estómago, como de miedo o de asco, como si volvieran los tiempos de la conquista de Perejil y de la manipulación del telediario. Wasicsko habla con los jueces, con los concejales, con los vecinos indignados, pero uno, en su alucinación auditiva, cree escuchar "váyase señor González", y "España va bien", y "estamos trabajando en ellooooo". Sólo son unas décimas de segundo, hasta que uno se reencuentra con la ficción, pero Wasicsko sale tantas veces que al final los nervios quedan deshechos, y la taquicardia amenazando. Espero que alguien advierta a David Simon de este error fatal, él, además, que es un izquierdista beligerante, y que en la edición española de los DVDs Oscar Isaac salga al menos sin bigote, o teñido de rubio, para beneficio de nuestra salud. 


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