Los Bingueros

Cualquier cinéfilo que se precie tiene, en su blog de internet, una sección dedicada a las malas películas que le gustan, y otra a las obras maestras que por un azar de la neurología no consigue digerir. El autor de estos escritos, que no es un cinéfilo de pro, sino un diletante de los sofás, pensó en abrir dos pestañas similares para que los lectores se descojonaran o se escandalizaran con las opiniones allí vertidas. Pero luego me pudo la desidia, el barulleo, la ausencia de un plan rector que guiara estas ocurrencias amontonadas en algún servidor de las Chimbambas. Las películas cutres que uno guarda en su corazoncito andan por ahí, sin orden ni concierto, asomando el título en esta lava informe vomitada por mis dedos.



        La última de ellas es Los Bingueros, la odisea de Andrés Pajares y Fernando Esteso en los bingos de Madrid, dejándose la salud y los duros en el empeño de hacerse millonarios. En la España del año 1979, y mucho más en las películas de Mariano Ozores, no podían faltar los chistes de doble sentido, las señoritas despelotadas, los maricas tratando de pillar cacho… Los Bingueros es una película rancia, viejuna, de un humor que ya sólo ríen los abueletes del Inserso cuando se las ponen en los autocares, camino de Marbella, a frotar la cebolla mustia contra las paisanas. Lo sé porque uno, las películas de Pajares y Esteso, las conoció de chaval en los viajes a la playa, rodeado de abueletes que perdían la dentadura en las carcajadas y la visión en las domingas, y estas cosas, aunque llevemos cuarenta años de democracia, nunca cambian. A uno le faltan todavía dos décadas para ser oficialmente un viejo verde, pero una cosa es la edad del calendario y otra la edad de espíritu, que en mis entretelas siempre fue muy avanzada, como en una progeria que sólo afectara a los gustos y manías.



            Yo, qué quieren que les diga, me río mucho con Los Bingueros. A lo mejor es que me vuelven las nostalgias de la niñez, o que nunca he abandonado el humor simplón que otros padres ya ni recuerdan, pero a mi Andrés Pajares me parece un comediante excelente, Fernando Esteso un clown que da buena réplica, y la primera escena de este par de gilipollas en el bingo, con sus nervios y sus cagadas de principiantes, un descojone total al amparo de Antonio Ozores y su dedo incorrupto de San Nepomuceno, que lleva muy escondido en sus ropajes, el avaricioso sacerdote, como si la financiación de la Iglesia, entonces como ahora, nunca les pareciera suficiente a estos depredadores. 


4 comentarios:

  1. Una obra maestra del genero...

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  2. Efectivamente, don Gato. Ya es casualidad -¿o no?- que por este blog sólo paseen cuatro gatos y uno de ellos se llame, o se apode, ídem.
    Miausaludos

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    1. Clemente Moratal(gato nº5)1 de septiembre de 2015, 11:17

      No,no es casualidad querido Alvaro,en efecto si soy un gato de tu callejon pero ya hemos sido presentados,tuve el inmenso honor-¿o no?-de recibir tu homenaje en nombre de todos tus correligionarios de que comentaras,en el majestuoso lugar del MILLAR la pelicula que timidamente te recomende,si,Chained,recuerdas,el bodriete de miss Lynch,bueno tuve ese honor y te lo agradezco aunque la peli no estuviese a la altura,de saberlo te hubiera recomendado El Crack,que esa si es una de mis pelis de cabecera,un miausaludo y a seguir tan autentico,soy de los que se deleitan con tu prosa bien aliñada y te leo y disfruto todos los dias.

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  3. Gracias, una vez más, por los -inmerecedísimos- piropos.
    http://cinedietario.blogspot.com.es/2013/08/el-crack-no-paso-por-ponferrada.html

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