Reservoir Dogs

Si un chaval de dieciséis años, como mi hijo, por accidente o por despiste, se dejara caer ahora por Reservoir Dogs, se sorprendería al saber que Quentin Tarantino, hace cinco lustros, provocó escándalos mayúsculos con sus tiroteos sangrientos, sus fucking y motherfucker compulsivos, sus torturas cartilaginosas con navaja barbera a ritmo de rock and roll. Los adolescentes de hoy en día, que han sido educados más en la recomendación que en la prohibición, más en la chapa paterna que en la bofetada del revés, ya tienen la piel más curtida que los lagartos recalentados al sol del cambio climático. Nosotros, a su edad, que en la tele sufríamos la censura de los rombos y en los cines el abuso de los mayores de 18 años, nos refugiábamos en los videoclubs del barrio para encontrar -con la complacencia interesada del dueño- las violencias que nuestra testosterona muy alta en calorías demandaba. Y mira que rebuscamos, que tanteamos títulos, que leímos sinopsis, pero jamás  dimos con una película tan señalada como Reservoir Dogs, que fuera buena y al mismo tiempo sucia y provocativa. Que al mismo tiempo nos saciara los instintos y nos invistiese con la toga y el bonete de los cinéfilos del barrio. La única oreja de arte y ensayo que nosotros vimos cortada fue la del marido de Dorothy Vallens, allá en el césped bien segado de Terciopelo azul, pero ya libre de excrecencias gracias al trabajo de las hormigas.



               No diré, como los psicopedagogos en la radio, o como las madres en las peluquerías, que los jóvenes de ahora son más insensibles y agresivos que los de antes y bla, bla, bla... Líbrenme los dioses de tales discursos. Quienes así ponen el grito en el cielo nunca recuerdan, o nunca quieren recordar, que  allá en el pueblo, en la escuela, en el barrio periférico de la gran ciudad, tuvieron como amiguetes a chavales que se dedicaban a matar gatos, a apalear perros, a lanzar piedras al primer forastero que se cruzara por el camino. Los neandertales de hace tres o cuatro décadas eran unos homínidos de armas tomar, apenas evolucionados. Yo conozco a tipos de mi generación que participaron en aquellos aquelarres simiescos y que sin embargo, cuando descubren a sus hijos, mucho más civilizados y pacíficos que ellos, matando alienígenas o miembros de la mafia en su PlayStation de mentirijillas, se marcan un discurso sobre el apocalipsis violento de los tiempos modernos y del dónde vamos a parar. Tipos que cuando se enteran de que uno, que en su vida sólo ha matado moscas y proferido amenazas vacías, ha pasado la tarde abrasada viendo Reservoir Dogs en su televisor, comentan, incrédulos, riéndose como Clint Eastwood a punto de sacar el pistolón: "¿Tú, Reservoir Dogs, esa salvajada...?"




Joe Cabot: A excepción de Eddie y de mí, a quien ya conocéis, utilizaremos alias en este trabajo. […] Estos son los nombres (señalando alternativamente a los gángsters): señor Marrón, señor Blanco, señor Rubio, señor Azul, señor Naranja, señor Rosa.
Señor Rosa:¿Por qué yo señor Rosa?
Joe Cabot: Por maricón, ¿vale?
Señor Rosa: ¿Por qué no podemos elegir el color?
Joe Cabot: Ni hablar. Ya se probó y no funciona. Habría cuatro tíos peleándose por ser el señor Negro. Y como no os conocéis, ninguno daría el brazo a torcer. No señor. Elijo yo, y tú eres el señor Rosa. Y da gracias por librarte del amarillo.
Señor Marrón: Sí, sí, pero señor Marrón es parecido a señor Mierda.
Señor Rosa: Señor Rosa suena a señor Mariposa. ¿Qué le parece señor… Púrpura? A mí me gusta más. Puedo ser el señor Púrpura.
Joe Cabot: No serás el señor Púrpura. Ya tengo para otro trabajo a un señor Púrpura.





Señor Marrón: Voy a deciros de qué va Like a Virgin. Trata sobre una putita que es una máquina de follar. Por la mañana, por la tarde, por la noche, polla, polla, polla, polla…. ¡Polla!
Señor Azul: ¿Cuántas pollas son?
Señor Blanco: Un montón…
Señor Marrón: Entonces un día la tía se encuentra con un hijoputa que tiene un pollón y ¡zas!… El tío es como Charles Bronson en La Gran Escapada: cava túneles. La tía ha encontrado la gran polla de su vida, y siente algo que no había sentido nunca: dolor. ¡Dolor! Le duele, le duele, y no debería, porque el paso ya debería estar bien abierto, pero cuando ese pájaro se la folla le duele, le duele… Igualito que la primera vez. El dolor le recuerda lo que sintió cuando era virgen; de ahí, Like a Virgin


1 comentario:

  1. Ole, ole es bestial la peli, sobre todo el principio cuando unos matones discuten por la propina de la camarera, aunque luego vayan a perpetrar la matanza de Texas. Se te ha olvidado comentar la época de las pistolas de balines y ahí si que era lo de maricón el último. Pero viva los barrios, era como la peli todo salvaje pero al final la camadería era lo mejor.

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