Juego de Tronos. La superpoblación.

Mira que mueren, a puñados, los personajes de Juego de Tronos, pero deberían morir muchos más. A cientos, y no a decenas, como soldados en una gran batalla, como mendigos hambrientos en las calles de Desembarco del Rey. Los secundarios de Juego de Tronos se reproducen al ritmo de una infección bacteriana que amenaza con cargarse el cuerpo muy sano de esta intriga sin igual. Por cada personaje que la palma de un espadazo o de una caída al vacío, surgen tres nuevos que ocupan su lugar para soltar su confesión de marras, su soliloquio sin trascendencia. Su trauma personal que nos despista de los centros neurálgicos de la trama, nudos gordianos que últimamente, para nuestra desdicha dramática, se han reducido a sólo cuatro: las hostias en el Muro, las magias en Rocadragón, los Lannister en la capital y la inconcebible belleza de Daenerys Targaryen liberando esclavos en el otro continente. Lo demás empieza a ser reiterativo, superfluo, minutaje prescindible que uno -lo confieso- ya ha empezado a saltarse con la tecla de avance rápido, sin mayor menoscabo para la comprensión del enredo, o para el sentimiento de culpa, que ya no pincha ni muerde.



            Uno, la verdad, después de haber visto las primeras temporadas, no pensaba que tal cosa fuera a suceder en esta serie que nació tan contenida y redonda. Entre reyes y reinas, amantes y bastardos, consejeros de postín y putas de tronío, Juego de Tronos ya tenía un elenco más que suficiente para rellenar horas y horas de jugosos diálogos y sorpresivas traiciones. Pero algo ocurrió en la sala de los guionistas, o en el despacho de los productores, que dio al traste con esta minimalista intención. Me temo que han encontrado una gallina que pone huevos de oro y que quieren mantenerla viva alimentándola con cualquier cosa, para que dure temporadas y temporadas de soporífero culebrón. Que los dioses, ay, no lo permitan. Que los secundarios figuren, den sus réplicas, le pongan color al paisaje humano. Pero nada más. Que no nos cuenten su triste vida, su trágico origen, sus estúpidos sueños de riqueza. Que cierren la puta boca y se limiten a matar con eficacia, a servir con prontitud, a follar con esmero. Aquí, y sólo aquí, en el mundo ficticio de los Siete Reinos, que dejen tranquila a la aristocracia.


1 comentario:

  1. Aisss Alvaro, que es una producción Americana si ves un par de tetas date por satisfecho eso ya de follar con esmero es una utopía no? Pero bueno la esperanzas nunca se pierden. Así que creo que te quedan secundarios para rato.

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