Sperm Wars

Una reciente investigación de la Universidad de Harvard señala que hacer poco ejercicio y pasar más de 20 horas a la semana viendo televisión son hábitos que inciden en la baja producción de espermatozoides. La doctora Audrey Gaskins, que así se llama la espermatóloga jefe, aventura que esto puede ser debido al recalentamiento excesivo de los testículos sometidos a la presión del sofá. Los deportistas, explica ella, son hombres que tienen la sana costumbre de menear sus gónadas de aquí para allá, al aire libre, y las mantienen en la temperatura óptima para la producción de gametos.
            La explicación de la doctora suena convincente. Más aún: a los efectos nocivos del sofá habría que añadir el manoseo testicular del espectador aburrido o atribulado, que ya quedó dicho en este diario que es un tocamiento tan compulsivo como inocente, y muy universal, por lo que yo sé, en el mundillo de la cinefilia. En un puro horno, como se ve, viven los testículos de quienes nos hemos decantado por la vida sedentaria. Una caldera donde sólo sobreviven los espermatozoides más aptos. Quizá nuestros ejércitos sean menos numerosos que los que alimentan nuestros vecinos deportistas, allá en sus pantalones holgados y resudados. Pero estoy seguro de que nuestros combatientes son más aguerridos y eficaces. Se han criado en el infierno de nuestros barrios bajos. Son resistentes y muy selectos. Serían verdaderas máquinas de procrear si las mujeres, siempre atentas a los que corren y sudan, decidieran darles una oportunidad...



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