Ascensor para el cadalso

He llegado tarde, muy tarde, a la música jazz. Este manantial de música bendita ya nunca calmará la sed atrasada. A los cuarenta años ya no está uno para iniciarse en nada, a no ser en el noble arte de rascarse la barriga. Todo lo que no fue ya nunca será. Está uno en la edad de releer, de revisitar, de afianzar las viejas querencias. Lo nuevo es resbaladizo e inaprensible. El jazz es una música difícil, amorfa en apariencia, horrísona, incluso, en algunos acercamientos, y las neuronas ya no están para estos desafíos. Pero qué placer, ay, cuando una melodía empieza a ser familiar, y uno, sin entenderla realmente, porque de música no entiende ni papa, se descubre silbándola por los pasillos, o tarareándola mientras friega los platos, y descubre que en esos ritmos sincopados está la gran música de las décadas, que no de los siglos todavía, mientras Mozart o Schubert sigan siendo intemporales.




            Uno de estos genios con los que me voy familiarizando es Miles Davis, el trompetista de los cien estilos. Hasta su biografía tengo esperando turno sobre mi mesita de noche, a ver si un día este sueño pertinaz no llega galopando sobre la primera página. Miles Davis y su banda compusieron en pocas horas la banda sonora de Ascensor para el cadalso, la película de Louis Malle. El bueno de Louis no tenía quien le pusiera música a sus imágenes, y el bueno de Miles andaba por París con varios conciertos suspendidos, así que un buen amigo común ató cabos y los juntó para la posteridad. Mientras bebían champán con el propio Louis Malle y Jeanne Moreau, Miles Davis y sus muchachos, descamisados y medio piripis, iban improvisando lo que luego terminó siendo una música mítica. La esencia de la película, en realidad, lo único realmente moderno que aún pervive de ella, que se ha quedado algo viejuna en su francesismo estilista, y en su trama criminal un poco de chichinabo. Esta música sinuosa que parece brotar de la misma noche parisina, y que acompaña a Jeanne Moreau en sus males de amor por las calles mojadas, justifica por sí sola este ratico tan agradable en el sofá. Nuit sur les Champs-Elysees… Ahora mismo, mientras junto estas letras, escucho esta pieza que huele a desamor, a prostíbulo, a París golfo y decadente. A melancolía llevada con mucho estilo. Todo muy francés, muy chic, aunque el músico responsable les naciera en Illionis.


1 comentario:

  1. Dios me has remontado a esas noches de domingo en las que mi hermana y yo nos dormíamos oyendo la voz de Cifu, mientras presenta su programa Jazz entre amigos, que creo que veía mi padre y los amigos del presentador, pero me imagino que en televisión a la carta estén, y vamos seguro que hay un programa dedicado a Miles Davis, porque ya sabes lo que pasa en su día era un coñazo pero ahora cuando el presentador muere y pasan los años se convierten en un referente y todo Dios lo veía.
    Y bueno ahora se te acaba el deporte pero te empieza el festival de San Sebastián eso si lo televisan a esas horas intempestivas de las 2 de la madrugada.

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