Seinfeld. George Costanza y el cortejo

Cuando uno, en la vida real, se topa con una mujer de belleza inalcanzable, el instinto, irracional, se pone a funcionar por sí mismo, y maquina estrategias para iniciar el cortejo: podría implantarme pelo, desarrollar los músculos, teñirme de rubio… Acortar distancias con esta mujer venida de otro planeta. No importa lo feo o intrascendente que uno sea: es la pura biología que toca diana y pone firmes a los genes somnolientos. Son pensamientos estúpidos, reflejos, que uno desecha rápidamente porque ningún polvo del siglo merece semejantes humillaciones ni sacrificios. Uno es lo que es, y anda siempre con lo puesto, que cantaba Serrat. También surgen soluciones psicológicas, actorales, que consisten básicamente en hacer el ganso, en ponerse gracioso, a ver si la mujeraza es lo suficientemente estúpida y muerde el anzuelo. El mismo George Costanza, en Seinfeld, se lamenta de estas ridículas actitudes a las que se ve obligado para ligar:

George: Eso es lo que pasa con las mujeres. Empiezo demasiado fuerte, y luego, al volver a ser yo mismo, es cuando se desmorona todo. Ser uno mismo… ¿De qué te sirve? Te prefieren gracioso.
Elaine: No, no es así
George: Claro que sí, Elaine. Tienes que montar un numerito. Siempre tienes que montar un gran numerito. Tienes que estar actuando. Si no, ¿por qué van a preferirme a mí? Se buscarían a un tipo más atractivo y con dinero. Vamos, que no hay más cera que la que arde…




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