Turistas en mi playa VII

           Han desaparecido los pornógrafos que antaño visitaban este blog. Se han ido por arte de birlibirloque, como barridos por un dios barbudo que les hubiese churruscado en sus habitaciones, sodomitas y gomorritas, lascivos y pajilleros. En el último mes, sólo un despistado ha paseado por mi playa tecleando "concurso de tetas bonitas", que es casi una búsqueda poética comparada con aquellas que anhelaban "colegialas desnudas" o "gordos picha grande". Un deseo, además, que no anda muy desencaminado en estos parajes, porque yo hablo mucho de tetas bonitas, aunque más de las imaginadas que de las contempladas, porque de una teta bonita que se hace pública hay muy poco que decir, sólo guardar silencio y admirar, pero de una teta que no se conoce, que siempre queda oculta por exigencias del guión, uno podría escribir poesías de platónico enamorado, e incluso novelas de cursilería rancia y pasada de moda.



            ¿A dónde habrán ido a parar estos salidorros, estos erotómanos de la red? ¿En qué blogs buscarán ahora saciar su hambre y aplacar su sed? ¿Qué fue de aquel tipo que siempre buscaba a "nikki desnuda", de aquel que vivía obsesionado con "aida folch pechos", de aquellos homosexuales que siempre preguntaban por el garito del "pichaloca"? Al final se han aburrido de mis circunloquios, de mis tímidos acercamientos a los asuntos genitales, porque en este blog uno sólo juguetea con lo erótico, con la tontería masculina del qué guapa es fulana y me la tiraría y tal, pero indecencias, lo que se dice indecencias de ponerle a uno palote, he narrado más bien pocas. Este blog aspiraba a ser un refugio de cinéfilos, un oasis de literatos, y desde un principio desdeñé la narración pornográfica que tan buenos réditos me hubiera dado.



Porque ahora, sin mis amigos del papel higiénico y el lubricante, me he quedado casi sin público. La clientela que sobrevive son los cuatro amigos y familiares que leerían cualquier tontería mía con tal de no quedar mal cuando les pregunte. Lectores cautivos, que se dice. Los pornógrafos, aunque eran un público no deseado, le daban al blog un cierto empaque en las estadísticas, y gracias a ellos yo presumía de lectores ante algunas amistades femeninas. En las entradas donde yo escribía "culo" o "polla" al hilo de la película, de pronto se armaban los debates, y se animaban los cotarros, y se notaba que había un bullicio y un interés por lo que yo exponía. Llegué a cogerles cariño, a estos tipos indecentes, que siempre imaginé un poco parecidos a mí, maduritos y gordinflones, aburridos de la vida y en el fondo románticos incurables. Les echo mucho de menos, y quiero que regresen. Y si para ello hay que lanzarse al relato puro y crudo de los actos sexuales, pues me lanzo. Esto dejará de ser un blog serio, pero al menos tendré compañía. Y que salga el sol por Antequera. 


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