Death Proof

Me preocupa que películas como Death Proof me gusten tanto. Me inquieta que un jueves por la noche, en el momento más deprimente de la semana, cuando uno sólo desea abandonarse al sueño y buscar asilo en esa realidad que no tiene culpas ni consecuencias, las barbaridades de Tarantino mantengan mis ojos tan abiertos, y mi atención tan entretenida, y mi sueño tan amordazado que ni se menea el pobre en la prisión de las meninges.
            Tarantino es un hijo de puta entrañable que saca lo peor que llevo dentro, como cinéfilo, y también como persona humana, que diría Chiquito de la Calzada. Quentin se educó con los subproductos del videoclub, con la bazofia de las televisiones, y un buen día tuvo la ocurrencia de reciclar esa basura para convertirla en películas ingeniosas de impecable factura. Es a Steven Spielberg a quien apodan el rey Midas de Hollywood, pero fue Tarantino quien realmente convirtió la mierda en oro. Una mierda que los mal-educados como él consumimos como cerdos, hozando y gruñendo en la piara. Muchos que presumimos de cinéfilos somos en realidad unos impostores. Yo era de los que hace años, en el trabajo o en la cafetería, alardeaba de ver enteros los debates de ¡Qué grande es el cine!, con José Luis Garci y sus muchachos envueltos en volutas de humo mientras filosofaban sobre los truños insoportables del cine antiguo. Yo me quedaba dormido, o pensando en otras cosas, en el sofá de la tortura, pero al día siguiente me vencía la tentación del cultureo. Yo, como el amigo Quentin, también me eduqué con lo peor de la cartelera leonesa, con lo más infecto que se alquilaba en los videoclubs del barrio periférico, y cuando veo sus películas me descubro en sintonía, y me descojono con los diálogos, y me excito con las mujeres, y me lo paso en grande con las violencias que a otros les indignan moralmente, o les hacen apartar la mirada.



            Somos muchos los homínidos que embobados por sus guiones, seducidos por sus imágenes, nos descubrimos sonriendo como imbéciles en mitad de los crímenes atroces, como si los códigos morales quedaran suspendidos y volviéramos a retozar en el libre albedrío de la selva o de la sabana. Recuerdo aquella escena de Jackie Brown en la que Robert de Niro, harto de escuchar la cháchara insufrible de Bridget Fonda, le pegaba un tiro en el aparcamiento del centro comercial. Y uno, que es un homo sapiens del siglo XXI, se quedó boquiabierto con la brutalidad inesperada, pero también, padre, Ave María Purísima, se quedó más tranquilo en la butaca del cine, como si le hubieran quitado un peso de encima. Aquel tiro fue como un simbolismo cumplido, como una venganza sublimada contra las mujeres que en la vida real tampoco paran de hablar, como cotorras mecánicas que llevaran pilas inagotables. Una catarsis de los instintos, que enseñaba el abuelo Sigmund.



            Uno, en Death Proof, también desea que estas chicas tan guapas cierren el pico durante un rato, porque se pasan los minutos cacareando sobre novios y sexos fingidos, sobre locales de moda y utensilios para la higiene, y uno, aunque se queda enamorado al instante de Vanessa Ferlito y sus labios de ensueño, no puede impedir que la misoginia se desborde por el torrente sanguíneo, como un veneno urticante. Hasta que aparece Kurt Russell para establecer el silencio. Con un esparadrapo en la boca hubiese bastado, pero esto, no lo olvidemos, es una película de Quentin Tarantino...


2 comentarios:

  1. Aquí estoy, no se si como buena samaritana que quiere contribuir a seguir encendiendo velas en tu candelabro y que así continuen tus estadísticas subiendo, o porque me ha pasado como a Alicia que la es imposible no seguir al conejo blanco por la madriguera para encontrarse con un país histrónico en el que se celebra una fiesta de no cumpleaños y una loca reina pide "que les corten la cabeza", pues yo desde que lo descubrí quiero ver que me voy a encontrar en la cabeza del señor pérfido, por eso de que soy peor.
    Y hoy cual ha sido mi grata sorpresa que haces una referencia de Tarantino, el cual es un maestro para demostrar la bajeza humana con diálogos delirantes, pero tu te preguntas por qué te hace sonreír estas situaciones violentas, tu no has estado en mitad de los hogares españoles a la hora de la cena en la que el telidiario esta mostrando una escena desgarradora de una madre por la muerte de su hijo en el estado palestino o cualquier otro y sin poder quitar el ojo de la pantalla, porque no se que tiene el dolor y violencia que a todo el mundo llama la atención, le madre le dice al padre mañana te toca ir a ti a por los niños a natación, esa si es una escena Tarantinesca.
    Y aunque por ser una película de Tarantino tiene mi beneplácito ninguna puede compararse a Reservoir Dogs, hay si que quedas ojiplático cuando el señor amarillo tortura al policía hasta cortarle la oreja y prenderle fuego al ritmillo de Stealers Wheel, unos señores hechos y derechos con motes de colores y vestidos a lo Blue Brothers discutiendo sobre la propina de una camarera antes de cometer un atraco, para acabar con la lucha entre fuertes y débiles ahora Como bien tu dices es el mundo Tarantino.
    Pero vamos aunque la Semana Santa esta a puertas no te flageles todos en un momento dado hubiéramos torturado o pegado un tiro a ese brasas que en algún momento se pone a tu lado sin tu haberle invitado.

    ResponderEliminar

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com