Rocknrolla

            Veo Rocknrolla justo después de que termine El Intermedio. Por el programa del tío Wyo y de la bella Sandra han desfilado políticos que cobran comisiones, que destruyen pruebas, que espían a compañeros, que reciben sobresueldos, que financian los gastos de su partido con dinero salido de contabilidades ilegales. Sobre la mayoría de ellos sobrevuela una gaviota de ojete ejemplar, muy bien educada en algún colegio de monjas, que casi nunca les caga sobre el hombro. Pero en las cloacas de la política, donde se afanan los poceros y los fontaneros de los asuntos sucios, no hay nadie que esté libre de pecado. Nadie podrá tirar la primera piedra en esta competición de ladrones contra estafadores, aunque unos luchen con guijarros y otros con peñascos arrancados a la montaña.



            Decía que he visto Rocknrolla justo después de El Intermedio y apenas he notado el tránsito de lo real a lo ficticio, porque los villanos de la película, aunque parezcan una caricatura de la avaricia, encajarían perfectamente en nuestra realidad cotidiana de Mortadelo y Filemón. Lenny Cole, el malvado principal, es un abuelete con gafas de sol y andares encorvados que se parece mucho a un cacique ibérico que ahora está en la cárcel, y que nació a la vera del Mediterráneo. Uno al que siempre le tocaba la lotería, no sé si se acuerdan. Sí, él, justo él, el padre de esa niña tan mona que un día, en el Congreso de los Diputados, les grito a los parados de este país que se jodieran, por tontos y por vagos. Lenny Cole no ostenta ningún cargo público en la película, pero da de comer al concejal de urbanismo, al que además regala coches carísimos, y deja probar de vez en cuando  sus putas exclusivas. A cambio de estos favores, el concejal aprueba obras innecesarias, mastodónticas, que no responden a las necesidades reales de los votantes, pero que hacen muy ricos a los colegas de Lenny, y a Lenny mismo, por supuesto. El proyecto que anima la trama de Rocknrolla es un mcguffin que nunca se menciona, porque aquí lo importante son los mamporros y las réplicas chistosas, pero bien podría haber sido un aeropuerto en el que nunca aterrizan los aviones.




            Dice el rockero Johnny Quid al principio de Rocknrolla:
            "A todos nos gusta la buena vida. A unos el dinero, a otros las drogas, a otros el sexo, el glamour o la fama. Pero un rocknrolla es diferente. ¿Por qué? Porque un auténtico rocknrolla quiere el pack completo".

            Si admitimos el cine como droga, y la ropa del Carrefour como glamour -porque al menos riman-, yo también soy un auténtico rocknrolla. Nos ha jodido. 


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