Las vidas de Grace

Lo más difícil, lo más inusual, lo más profundo también, es enamorarse de un personaje de película. No de la actriz que lo encarna, sino de la mujer adorable que cobra vida gracias a su oficio. Porque la mitad de las actrices interpretan a mujeres insoportables, malísimas, psicópatas incluso, y la otra mitad a heroínas con corazón de oro que a uno le caen muy gordas, y le rompen el encanto del amor, porque existe un instinto muy arraigado de renunciar a las mujeres pluscuamperfectas que están reservadas para el macho alfa del ecosistema. En la vida real, uno tarda años en volver a enamorarse de verdad, porque son muy pocas las mujeres que uno va conociendo, y muchísimas menos las que consiguen pasar los filtros y superar las barreras de defensa. Tienen que ser mujeres bellas pero vulnerables, hermosas pero no hermosérrimas, adorables pero no perfectas. Tienen que cumplir unos requisitos de edad, de belleza, de posicionamiento ético, de compromiso ante la vida. El deseo, en los hombres, es un prurito continuo,  pero el amor verdadero es un asunto extraordinario.




En este mundo virtual de las películas, en este Second Life que me ocupa por las noches, yo mudo mi amor por otro nuevo cada dos o tres meses. Fue en noviembre cuando caí enamorado de Rhoda, la chica anglosajona que soñaba con viajar a la Tierra Gemela, a encontrarse consigo misma para descubrirse en un mundo mejor. Me enamoré de ella por guapa, por soñadora, por frágil, por testaruda.. Hoy he conocido a Grace, otra anglosajona que trabaja de asistente social en un internado para adolescentes conflictivos. Grace es tan hermosa o más que Rhoda; viste al descuido, a lo improvisado, nada coqueta ni superficial; es sensible con sus pupilos, sexy con su novio, hipnótica en su modo de mirarte, o de sonreírte. Tiene algo porcino en los mofletes, en los labios, y a mí esas mujeres se me clavan en el deseo como púas envenenadas de curare. Grace es una mujer tierna, frágil, bonita, que en posición de descanso te mira con ojos de desamparo y te descompone en cien pedazos que sólo el amor podrá recomponer para volver a ser tú, pero un tú ya rendido, y transformado. Me gustaría mucho, en la fantasía de los mundos peliculeros, vivir Las vidas de Grace, junto a Grace, florecilla de California.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com