Cowboy de medianoche

Rescato, en estas vacaciones tan cortas como necesarias, varios DVDs siempre aplazados, de revisión obligatoria o de estreno tardío. Pero al colocarlos en el lector del portátil -ausente como estoy de mi querido salón- éste empieza a hacer ruidos raros, como de tos de abuelete, como de moto gripada, y los programas encargados de rescatar la película fallan uno detrás de otro. Error, vuelva a intentarlo, imposible acceder... Son DVDs que hace tiempo grabé sobre soporte virgen, en el viejo reproductor-grabador que ya mora en el cementerio del reciclaje, y se ve que la tecnología moderna no reconoce el formato, o que le da la risa con mis tontos remiendos, y de la carcajada se congestiona y deja de funcionar. Sólo dos películas fueron adquiridas legítimamente, y sólo ellas, como premio a mi puntual dispendio, trasponen el umbral de lo visible: la Crazy, Stupid, Love del otro día, y Cowboy de medianoche, esta tarde, un clásico incontestable al que hace años le debía una revisión, y cuya carátula conservaba, antes de abrirla hoy, su funda delgadísima de celofán, con un precio desorbitado que me ha hecho recordar los viejos tiempos de su adquisición, de cuando empezaron a venderse los DVDs en El Corte Inglés de León y a los dependientes se les escapaba la risa tonta cuando te cobraban en caja, sorprendidos de que algunos imbéciles, en esta ciudad paleta, siguieran picando en la estafa abusiva de sus precios. Desde aquel tiempo delictivo dormía su sueño el DVD de Cowboy de medianoche, en grave pecado de tardanza que aquí mismo confieso de rodillas. Aún pensé, por un momento, antes de que el menú arrancara en la pantalla del portátil: ¿y si ahora resulta que el disco está escoñado, o defectuoso, o contiene otra película? ¿A quién reclamo yo tantos años después, en El Corte Inglés, para seguir con la broma y el cachondeo? 


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