Joyce Pekar

Joyce, la mujer de Harvey Pekar en la vida real y también en las tiras tragicómicas de American Splendor, imparte un taller de literatura en el correccional de Delaware. Allí recomienda lo siguiente a sus alumnos:
            "Si no tenéis nada interesante que escribir en vuestros diarios, lo mejor es empezar a hacer todo lo posible para que vuestra vida sea digna de escribir sobre ella".
            Lo malo de escribir un blog sobre cine, y que éste tenga una mínima fecundidad, y una mínima calidad literaria, es que hay que renunciar a la vida real para entregarse a las películas y luego a la escritura. Como decía Bukowski en sus diarios, al final, de las veinticuatro horas del día, apenas quedan dos limpias, totalmente disponibles. El resto es filfa que no merece formar parte de un diario: la manutención y la familia, el sueño y las abluciones. Lo que uno tiene de distinto es que no emplea sus dos horas en los bares, en los comercios, pelando la pava en las casas de putas. Uno dedica su tiempo libre a las películas, para crear la ilusión de que cada día viaja a un país diferente, y conoce a gente variopinta e interesante. Y de esa experiencia virtual y cotidiana es de lo que uno escribe. Y no de la vida, como recomendaba Joyce Pekar. Porque la vida, a no ser que dirijas grandes películas, o folles con hermosas rubias en Montecarlo, o vivas, sin ir más lejos, encerrado en un correccional de Delaware, sólo es una experiencia insustancial y archisabida que a nadie le interesa.


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