Casino

Hace unos meses, la ciudadanía decente de este país sintió un gran alivio cuando el proyecto de Eurovegas finalmente levantó el vuelo, y dejó los secarrales de Madrid tal como estaban desde hace siglos, listos para seguir produciendo garbanzos. Los puestos de trabajo que se prometían –precarios, mal pagados, indecorosos- no iban a compensar la corrupción moral, la ludopatía subvencionada, la peste mercantilista importada del desierto de Nevada. Uno vive a cientos de kilómetros de Cacerías del Rey, y en realidad no le hubiesen afectado gran cosa los desmanes de la capital. Pero Castilla, aunque es muy ancha, es, por ello mismo, muy transitable, y con la misma velocidad que viajan los coches llegan también las fiebres y las maldades. Apenas una cordillera nos hubiera separado a los habitantes de Invernalia de Mr. Adelson y su pandilla de secuaces.



            Hoy, sin embargo, mientras recibía con gozo las primeras lluvias de la temporada, y ponía Casino en el DVD para reírme de los paisajes desérticos que no conocen las nubes, uno pensaba que el proyecto frustrado de Eurovegas nos privó, a los cinéfilos de este país, de un remake celtibérico de la película de Scorsese. Uno que hubiesen dirigido con buen nervio tipos como Enrique Urbizu o Álex de la Iglesia. Una trama de empresarios codiciosos, de matones con entrecejo, de asesinatos a golpe de azadón. Aquí, en lugar de mafiosos italianos comiendo espaguetis, tendríamos a constructores del jaez de Jesús Gil bañándose en jacuzzis; en vez de sicarios profesionales como Nicky Santoro, chuloputas fogueados en los garitos de la Ruta del Bacalao; sustituyendo a los políticos de Nevada que cierran los ojos ante los desmanes, tendríamos a los Aguirre Boys de la Comunidad de Madrid poniendo la cobertura legal, y la ilegal también, para que el negocio fluya, los sobres se filtren y la escoria trabajadora mantenga la boca cerrada. Con estos retoques, y con otros que la idiosincrasia de la patria hubiera hecho necesarios, se podría haber rodado la gran película de la podredumbre nacional. Una de Azcona y Berlanga, pero con muertos en los callejones, y putas de lujo sobre las camas.




Pero eso sí: no existe en el panorama hispánico una actriz tan hermosa como Sharon Stone, con esa mirada de gata y esos pechos esculpidos en piedra. Ni gerentes del trapicheo como este Sam Rothstein que encarna Robert de Niro. El tipo es un profesional escrupuloso que le saca el máximo rendimiento a su casino. A cambio de un generoso porcentaje en las ganancias, lleva las cuentas del negocio como si se tratara de su propia economía familiar. Aquí, en España, en un quimérico casino del desierto de Madrid, las fugas monetarias acabarían con el negocio en el plazo de pocos meses. Entre el encargado que roba, los empleados que sisan, los tramposos que campean, los políticos que sobrecogen y los chinos que saquean las tragaperras, Eurovegas hubiera durado menos que el cultivo anual de los garbanzos. Nos hemos quedado sin Gomorra, y sin película también, pero con un cocido de chuparse los dedos sobre la mesa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com