Toro Salvaje

En el cine americano de los grandes estudios, antes de que directores como Martin Scorsese cambiaran las reglas de lo que se podía contar o no en las películas, Toro Salvaje habría sido un proyecto imposible, un guión no autorizado por los mandamases que hubiera dormido el sueño eterno de los cajones.  El retrato -autorretrato, más bien- de Jake LaMotta, campeón mundial de los pesos medios en los años cuarenta, no deja en muy buen lugar al personaje. En su vida personal, como si no pudiera desconectar del ring, o como si el ring sólo fuera la extensión de su carácter salvaje, Jake se comportaba como una mala bestia capaz de soltarle unos hostiazos de vértigo a su esposa o a su propio hermano por asuntos que sólo el imaginaba. Jake LaMotta, según su propia confesión, era propenso a la violencia repentina, a paranoias que lo volvían loco de celos. Un gángster del Bronx que decidió empuñarse los guantes en lugar de cargar con una pesada Thompson.
En Moteros tranquilos, toros salvajes, alguien preocupado por el proyecto le dice a Martin Scorsese que la biografía de un tipo así no le va a interesar a nadie, que no hay nada provechoso que sacar de una vida como esa: ningún mensaje moral, ningún aprovechamiento cívico, ningún acicate para la superación personal. Jake LaMotta es un personaje repulsivo que nadie querrá conocer pagando una entrada.  Un troglodita que no alcanza ni la categoría de antihéroe: un patán, un bestia, un hombre muy desconectado de la realidad. Un auténtico neandertal que por avatares de la evolución escapó de la extinción de su especie y terminó afincándose en Nueva York, en el siglo XX, desprovisto de cachiporra pero armado con unos puños igualmente demoledores.




            Pero Scorsese, como otros cineastas de su época, sabía que el público estaba preparado para asumir el lado oscuro de los seres humanos. En el cine clásico, los malos eran villanos de opereta, personajes sesgados y caricaturescos, que hacían el mal por exigencias del guión. O estaban locos, o estaban poseídos por demonio. Eran hombres y mujeres de alma negra como el carbón, sin grises ni escalas cromáticas. Así los quería el buen gobierno de las gentes, inexplicados, esquemáticos, como maniquíes sin identidad a los que vestir con la villanía de moda: el comunista y el alienígena, el sindicalista y el porreta. Simples peleles en manos de los buenos, que los zurraban sin piedad al final de las películas. Pero la realidad, obviamente, es mucho más compleja. La frontera entre los buenos y los malos es delicada, fina, sinuosa. Incluso un personaje tan repulsivo como Jake LaMotta alcanza su redención en una de las escenas finales de Toro Salvaje, cuando encerrado en una celda aporrea la pared maldiciéndose a sí mismo, arrepintiéndose de su propio carácter. Es en esa escena cuando los espectadores simpatizamos - sí, simpatizamos- con el monstruo que antes nos escandalizaba. Quien es capaz de verse a sí mismo desde la distancia y reconocer sus propios errores merece, al menos, unas gotas de compasión.



            En el folleto que acompaña el DVD de Toro Salvaje, Robert de Niro explica el suplicio que pasó para engordar los 27 kilos extras del Jake LaMotta ya retirado del boxeo:
            “ Es muy duro. Tienes que comer tres veces al día. Tienes que levantarte por la mañana y simplemente dedicarte a comer. Hay que comerse el desayuno, todas las tortitas, comerte la cena aunque no tengas hambre. Es una pesadilla.”

            Ahora entiendo el origen de esta abultada barriga que me separa del teclado. Una macrolorza mutante que, a diferencia de Robert de Niro, he criado sin esfuerzo alguno, simplemente dejándome llevar, comiendo tres veces al día y más que me pusieran, con la estricta puntualidad de quien profesara una religión nutricional. Una barriga sin billete de vuelta que jamás merecerá un Oscar de la Academia, ni un reportaje estelar en las revistas de dietética. Una barriga irresponsable, alegre, casquivana, que se come todas las tortitas sin pestañear. Es una pesadilla, sí, querido Robert, pero del otro tipo.


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