Frances Ha

Frances Ha es la historia de Frances, chica no demasiado mona y no demasiado avispada que trata de abrirse paso en el mundillo artístico de Nueva York. Aunque baila como los patos y carece de la grácil figura, ella persevera en sus intentos sin temor a caer en el ridículo. Frances es una echada p’alante que no se arruga ante las contrariedades,  aunque no queda claro si su mérito es ser demasiado lista o demasiado boba. A veces le llueven chispazos de genio, y a veces mete la pata como una burra. Es un personaje intrigante, ambiguo, al que no sabes si odiar por su estupidez o querer por su inocencia. Si moler a hostias como un puching-ball o abrazar tiernamente como a un osito de peluche.




            Frances Ha es el reverso amable y simpático de A propósito de Llewyn Davis, que también iba de un artista fracasado buscando su sitio en Nueva York. Llewyn es un tipo hosco, orgulloso, que se presta a muy pocos arreglos. Las pequeñas desgracias le minan la moral hasta sumirlo en un destino negro que la película prefiere no enseñarnos. Frances, en cambio, es una chica risueña, sencilla, que se toma los reveses como simples contratiempos en su carrera. Ella está predestinada a una felicidad que tampoco se nos muestra al final del retrato, quizá por inverosímil o empalagosa. El caso es que uno, mientras seguía a la risueña Frances, fantaseaba con llevar una vida parecida, en la gran ciudad. Viajar en la máquina del tiempo y apearse en Madrid, en los años ochenta, para instalarse en la Movida y buscar un reconocimiento como escritor, como crítico cinematográfico, como reportero tribulete de lo que fuera, invitado de provincias a las fiestas del gran folleteo y del gran desparrame. Pero uno sabe, en su fuero interno, que una vez allí, en el bullicio de la gran ciudad, el destino de Llewyn Davis le caería a uno como una maceta a la vuelta de la esquina. Porque uno, como él, también es tremendista, pesimista, demasiado consciente del entorno. Para salir indemne de una aventura así hay que ser como Frances, mitad loca y mitad sensata, mitad amapola y mitad roble. Una suerte de la genética, o un trastorno maravilloso de la juventud.


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