Blade Runner

Antes de morir, Roy Batty, el Nexus 6 al que da vida Rutger Hauer, se vanagloria de haber visto cosas que los humanos no conocen. Ningún espectador sabe qué son los rayos C, ni dónde queda la puerta de Tannhäuser, pero dichas por el replicante suenan a experiencias bellísimas e irrepetibles. Como si le hablaran de sexo salvaje al adolescente por estrenarse... En sus cuatro años de vida programada, el replicante había contemplado las maravillas del Universo. Los humanos de la Tierra, en cambio, sólo habían visto la mugre, la contaminación, la lluvia ácida persistente. Roy, por supuesto, no quería morir, y lamentaba que sus recuerdos se perdieran en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Pero en su testamento final se adivina un poso de orgullo. Él, condenado a la pronta caducidad, había vivido. Intensamente. Esta es la cuestión de fondo que plantean los replicantes de Blade Runner: ¿la vida larga y aburrida de los casados, o la vida corta y excitante de los rockeros? Escribía Charles Bukowski en El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco

    “Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte. No hacen honor a sus vidas, les mean encima. Las cagan. Estúpidos gilipollas [...] Son feos, hablan feo, caminan feo. Ponles la gran música de los siglos y no la oyen. La muerte de la mayoría de la gente es una farsa. No queda nada que pueda morir”.



El año 2019 que imaginaron los guionistas de Blade Runner tiene pinta, a dos años vista, de haberse quedado muy corto en algunos avances, y muy largo en otros. Pero esto sucede en todas las películas que tienen la osadía de poner una fecha concreta en el primer fotograma. A día de hoy, la ingeniería genética aún está dando sus primeros pasos, los coches de policía no salen volando tras ponerte una multa, y las colonias espaciales son proyectos descomunales aparcados hasta el fin de los tiempos. En Blade Runner, sin embargo, como sucede en muchas películas de ciencia-ficción, no se ve a nadie con teléfono móvil, ni con iPod, y los ordenadores de hogares y oficinas parecen unos cacharros tan lentos como rudimentarios. No parecen existir cosas tan básicas como Internet o el Whatsapp, que en este Año del Señor hasta las ancianas ya manejan con soltura. En el sector de las telecomunicaciones, lo más avanzado de Blade Runner parece ser la videollamada, como ya lo era en el 2001 imaginado por Arthur C. Clark.  Como cuando uno era niño y llamaba al portero automático del amigo, para que bajara a jugar al fútbol, y se quedaba boquiabierto al descubrir, en aquella comunidad de vecinos con posibles, que habían instalado el ojo vigilante de HAL 9000...


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