Abril

Abril es una película de Nanni Moretti que, no sé por qué, veo con mucha frecuencia. Quizá porque es corta, apenas una hora y cuarto de duración, y me cabe en cualquier agujero de la agenda, cuando ya es muy tarde para ver los grandes largometrajes, o tengo que quitarme el eterno pijama para salir a socializarme. Abril me pone contento, me levanta el ánimo. De algún modo que no acierto a adivinar, porque los autorretratos de Moretti y lo autorretratos de mi vida tienen muy poco en común, Abril me pinta una sonrisa en la cara y me reconcilia con la vida. Es una película irregular, dubitativa, a veces tontorrona. Moretti lo mismo se pone a filosofar con enjundia que a hacer el ganso con la gracia de un mal payaso. Es un tipo peculiar cuyo alter ego de las películas vive a medio camino entre la sabiduría y la bufonada. Pero yo entiendo a Moretti. De algún modo misterioso me reconozco en sus neuras, en sus dudas, en sus exclamaciones sobre la vida. Le veo en pantalla y entro en sintonía con él. Me río cuando él se ríe, me emociono cuando él se emociona, me sale la misma vena corrosiva que a él se le enciende en el entrecejo cuando dispara contra la derecha política, contra la vacuidad de la izquierda, contra la estupidez imperante en los ámbitos de la vida. Moretti es como un amigo lejano que tengo en Italia, al que de vez en cuando visito en las películas para repasar los viejos temas, y darnos un paseo en su moto por las calles de Roma.




            Abril tiene varios momentos imborrables para este cinéfilo de provincias:
            El día que Berlusconi gana sus primeras elecciones generales y Moretti, sentado ante el televisor, incrédulo y decepcionado, decide fumarse el primer porro de su vida:
“La noche del 28 de marzo de 1994, cuando ganó la derecha, por primera vez en mi vida me fumé un canuto”.



Pocos años después, la izquierda derrota a Berlusconi en las elecciones, y los simpatizantes salen a la calle con sus coches para tocar el claxon y felicitarse mutuamente. Moretti se sube a la moto para participar de la fiesta, pero él va gritando otra cosa. Su hijo Pìetro acaba de nacer, sano y fuertote, y esa alegría le parece más importante que el cambio de poder en el gobierno.
- Enhorabuena –le dicen los conductores que pasan a su lado enarbolando la bandera roja.
- Gracias –responde él-. Cuatro kilos doscientos gramos…



Días antes, en el debate electoral televisado, Moretti se desgañita ante la pasividad de D’Alema, líder de la izquierda, amordazado por la verborrea incontenible de Berlusconi, que se autoproclama líder de la decencia y del progreso de la nación.
            “D’Alema, di algo de izquierdas. Di algo aunque no sea de izquierdas, se sentido cívico. D’Alema, di alguna cosa, cualquier cosa, reacciona…”
            Innumerables veces me ha pasado lo mismo viendo los debates en la tele, o escuchándolos en la radio, llamando al representante de izquierdas por su nombre para que se imponga, para que corte el rollo del oponente, para que diga algo que suene bien a oídos del proletariado, aunque sea mentira, por los viejos tiempos…



            Al final de la película, un amigo de Moretti le reconviene amablemente la vagancia de los últimos tiempos, y le recuerda, de un modo muy gráfico, el tiempo inestimable que aún le queda por vivir, para que salga  de la inoperancia, de la duda, de la molicie, y se lance de cabeza al trabajo, a la denuncia, a la alegría misma de vivir:

- Esto es un metro. Cien centímetros
- Sí
- Hoy es tu cumpleaños. Felicidades.
- Gracias
- Llevas mucho tiempo sin rodar.
- Han ocurrido cosas más importantes: ha nacido Pietro…
- Sí, sí, sí… Pero procura apurar. ¿Cuántos años quieres vivir: setenta, setenta y cinco?
- Ochenta.
- Ochenta… Le quito veinte. Esto son ochenta. Hoy cumples cuarenta y cuatro… Tenemos que bajar hasta aquí. Fíjate: esto es lo que queda.

            [Y luego, cabalgado ya sobre su moto, Moretti reflexiona: “¡Qué tonto! Quería decir noventa, noventa y cinco años. Me ha pillado por sorpresa. Soy un gilipollas. Ochenta menos cuarenta y cuatro, ochenta menos cuarenta y cuatro…]


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