Her

Her cuenta la historia de un hombre del futuro cercano que, desencantado del amor de las mujeres, se enamora de OS1, el sistema operativo de su ordenador, un ente de inteligencia avanzadísima que podría jugar al ajedrez con Hal 9000 en 2001. Scarlett Johansson pone su voz sexualmente hipnótica a OS1, un hilo de dulzura y aguardiente al que ningún hombre hecho y derecho puede permanecer indiferente. Te saluda por la mañana, te lee los correos, te hace cuatro sugerencias de agenda, y ya quedas prendado de su voz para el resto del día, soñando con una mujer de carne y hueso que portara esa boca y fuera tan agradable y solícita. Ese es el gran mérito de Her: que a ningún espectador le parece ridículo que Theodore, el personaje de Joaquin Phoenix, se enamore de una entelequia construida con chips y líneas de código. Porque la soledad del personaje es mucha, y todos, salvo los muy afortunados, hemos experimentado alguna vez esa decepción profunda con la vida real. Theodore no es un tarado, ni un abducido de la existencia virtual. Theodore está enfadado con las mujeres, herido de muerte, y abandona el carbono de la carne palpitante por el silicio del diseño industrial, a ver si con ese elemento de la tabla periódica le sonríe más la suerte.





OS1 siempre está disponible, a un solo clic de encendido, para escuchar las penas o responder a las inquietudes. Está diseñado de tal que manera que le permite ir construyéndose a sí mismo, incorporando nuevas respuestas, nuevos matices, nuevos “sentimientos” que nadie podría distinguir de los “reales”. Es más inteligente que cualquier mujer que uno pudiera conocer en el pub, más paciente, más comprensivo. Carece de hormonas que lo trastornan cada dos por tres, de amigas íntimas que hablan en tu contra, de futuras suegras que te ven como un pelele sin futuro.  Lo puedes apagar en cualquier momento para irte de viaje o de parranda, o suspender su actividad si algún día se volviera insoportable o agresivo. Podrías, incluso, devolverlo a la tienda si las cosas salieran rematadamente mal entre vosotros. Sin juicios, sin divorcios, simplemente visitando el departamento de atención al cliente. 
OS1 es una fantasía masculina hecha realidad. Una gran historia de amor que lamentablemente está condenada al fracaso, porque la inteligencia humana tiene unos límites evolutivos, y se queda pequeña ante una inteligencia artificial que crece exponencialmente cada día, adentrándose en mundos de conocimiento donde es imposible acompañarla. Y porque, además, el amor no es tal si al final del día no se folla. A lo largo de Her, Theodore y OS1 intentarán subsanar esta dificultad con soluciones imaginativas y descacharrantes, pero al final, aunque sean unas pesadas y unas manipuladoras, unas insoportables y unas esquizofrénicas, las mujeres poseen un tacto, un olor, un cuerpo serrano que ningún sistema operativo será capaz de emular. Tal vez cuando lleguen las impresoras 3D que impriman carne y arterias, huesos y pieles, y uno pueda fabricarse a la mujer ideal sin salir de casa: una mujer de cuerpo exacto al soñado, de carácter mimético al añorado…


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