La parte de los ángeles

Ken Loach y Paul Laverty son dos viejos camaradas de la lucha proletaria. En sus películas, aunque a veces les salgan unos truños de mucho bostezo, siempre defienden a la clase obrera que sobrevive en  los suburbios británicos, y denuncian los abusos del sistema que pusiera en marcha Margaret Thatcher (Maggie, para los derechistas de centro de toda la vida). Puestos a escoger prefiero el tiempo el oro y la vida al sueño, como cantaba Serrat, y entre Ken y Paul he de reconocer que a este último le tengo un poco de tirria, porque él, que ya goza del talento innato de la escritura, goza, además, del matrimonio bien avenido con esa mujer inalcanzable para los provincianos que es Icíar Bollaín. Él me la robó porque estaba en los rodajes, escribiendo los guiones, cautivándola con la palabra, soltándola chistes de ingleses y españoles en las pausas para el bocadillo, mientras que yo, encarcelado en Invernalia, sólo podía amarla a través del televisor: cuando actuaba porque me seducía con su pelo pelirrojo y sus pecas innumerables, y cuando dirigía, porque yo adivinaba una mente de inteligencia preclara que movía la cámara y seleccionaba los diálogos. Icíar, mon amour.


            La parte de los ángeles es una de las películas más inspiradas de este dúo dinámico de la canción protesta. En obras anteriores, cuando prescindían de los toques de comedia y se lanzaban directamente a la yugular del capitalismo, Loach y Laverty se revelaban como dos plastas de mucho cuidado, a los que uno aplaudía en público porque son camaradas del partido y había que defenderlos, pero a los que luego, puertas adentro, cuando la prensa de derechas se iba a ver los toros, uno echaba en cara su habilidad para dormir incluso a las ovejas. Los José Luis Garci de izquierdas, les llamábamos cariñosamente en las reuniones del politburó. La denuncia del capitalismo servida en crudo, sin aliñar, es una cosa muy sosa, muy didáctica, más propia de los documentales que de las películas que uno ve a las diez de la noche con la intención de no dormirse y seguir vivo. Hay que meterle humor a la propaganda, ironía, guasa, tías en pelotas si puede ser. Lo social no quita lo valiente. En La parte de los ángeles, Loach y Laverty han regresado al buen camino de la química exacta, aunque no hayan metido ningún desnudo que anime el cotarro. Sólo ese rostro tan bello como suburbial de Siobhan Reilly, el ángel rubio de los parados de Glasgow. La parte de los ángeles es mitad denuncia del sistema y mitad aventura de este poligonero escocés que aprende en dos días a distinguir un whisky escocés de otro irlandés. Una cosa como de realismo mágico de García Márquez que asumimos sin mayor problema porque nos lo cuentan con gracia y bonhomía. La parte de los ángeles es una película de mucha enjundia que todos los rojos del mundo -¡unidos!-  ya guardamos en nuestra videoteca revolucionaria como un tesoro del cine social. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com