Tropic Thunder

Jack Black, Tom Cruise y Robert Downey Jr. conforman la Santísima Trinidad de las primeras cinefilias de mi hijo, al que ya nunca volveré a llamar Pitufo. El retoño se ha convertido en un chavalote de catorce años que ya no se pinta de azul con rayos UVA, ni se pone la barretina blanca para ir al instituto. A. se mosquea cuando pasea la mirada por estos escritos y lee su apelativo cariñoso. ¡Gargamel!, me llama él en venganza, porque su padre es alto y malicioso, medio listo y medio bobo, y casi siempre habla solo en compañía de los animales. Un ermitaño del pijama raído y la calvorota creciente que vive en el bosque mágico de las películas.



            Robert Downey Jr., al que coloco last, but not least, es el jeta entrañable que da vida al Tony Stark de Iron Man. Gracias a él, y sólo a él,  esta separata del caso Marvel no es una mierda de tirar por el retrete. Convocados a su ferrosa presencia, A. y yo nos hemos reído un montón de veces en el sofá de las convivencias. Hoy, en una ocurrencia genial de quien esto escribe, que de vez en cuando alumbra fuegos fatuos en el cementerio cerebral, hemos visto Tropic Thunder, chotadura del género bélico que reúne a los tres actores citados en un solo dios verdadero. La película es una memez supina que te hace de reír mucho, como decía el señor Barragán. Lo mejor, como ya sucediera en Zoolander, es que Ben Stiller, actor y director de ambos inventos, sabe que está filmando una tontería sin pretensiones. Se ríe del género bélico, del género ñoño, de los productores de Hollywood, de los actores caprichosos, de los discursos del método, de los nominados al Oscar...  Se ríe del negocio del cine. Del espectador mismo, se carcajea, por perder el tiempo en ver su película lamentable. Maravilloso, y a la vez deleznable.


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