La ventana

Carlos Sorín -del que ahora caigo que en los títulos de crédito, y en algunos directorios muy respetables, llaman Sorin, sin acento- decide homenajear a otro maestro del cine clásico en El gato desaparece. Ahora es Alfred Hitchcock el que se esconde tras la propuesta de este thriller de los que llaman psicológicos, pues es más lo que se imaginan los personajes que lo que ven, mucho más lo que sospechan que lo que descubren.  Hay pulso, tensión, sorpresa final... Incluso un mcguffin en forma de felino muy negro y arisco. Y hay, por supuesto, actores y actrices argentinos que dan de sí lo mejor, como casi siempre, templados y naturales, tan verosímiles en el drama como en la comedia, como si actuaran sin esfuerzo, o padecieran todos de personalidad múltiple. O son muy buenos, o están todos locos. Tienen algo muy propio, muy singular, muy genético quizá. Viven en el secreto de su oficio, y lo guardan celosamente para envidia de otras cinematografías.




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